¿Por qué la motivación disminuye con la edad?

La motivación es uno de los mayores potenciadores del aprendizaje. Desde que nacemos tenemos una tendencia innata para aprender. La motivación es el motor que nos ha dado la evolución, los bebés nacen con esta necesidad innata de explorar que les permite aprender.

El aprendizaje es en sí mismo recompensante y motivante, pero a lo largo de nuestro ciclo vital parece que vamos perdiendo esta motivación por aprender. Nos empieza a suponer mayor esfuerzo que beneficio, lo que hace que perdamos esa energía que nos impulsa a explorar y aprender.

 

La clave: los estriosomas

 

Investigadores del MIT han dado con la posible clave neurobiológica que explica por qué perdemos la motivación a medida que envejecemos. En un estudio hecho con ratones, han identificado un circuito cerebral que adquiere especial relevancia a la hora de evaluar el coste-beneficio que suponen los nuevos aprendizajes y cómo se relaciona con la motivación.

Se trata de los estriosomas, un clúster de células que se encuentran distribuidas a lo largo del núcleo estriado. Se ha hipotetizado que podrían ser responsables de la toma de decisiones cuando tenemos que evaluar el coste-beneficio que nos supone cada elección. Este tipo de decisiones conocidas como el conflicto aproximación-evitación, son decisiones que requieren elegir lo bueno y tolerar aquello malo que lo acompaña. Un ejemplo de ello sería tomar la decisión de cambiar de trabajo por un mejor sueldo pero, que requiere mudarse a una ciudad nueva y alejarse de familiares y amigos.

Parece ser que los estriosomas son los encargados de absorber la información emocional y sensorial que nos llega del córtex e integrarla para tomar una decisión sobre cómo actuar. La toma de decisiones en este tipo de conflictos requiere asignar un valor al coste y a la recompensa. Son los estriosomas los encargados de dar el valor subjetivo a cada una de las situaciones.

 

Costes y recompensas

 

Algunas personas pueden darle un valor muy grande a la recompensa e ignorar los costes que suponen, mientras que otras personas puede intentar evitar el coste de todas las recompensas. De esta forma tendríamos un patrón de respuesta dirigido por la recompensa o dirigido por el coste.

Los ratones más viejos tenían una tendencia de evitación total de los costes, por lo que no se beneficiaban de la recompensa. Aquellos más jóvenes daban una respuesta guiada por la recompensa, lo que suponía tolerar ciertos riesgos y costes. Estos patrones de respuesta estaban asociados a la activación de los estriosomas. Los ratones más viejos mostraban menor activación en comparación con los ratones más jóvenes.

Cuando manipularon la activación de los estriosomas con fármacos y hacían aumentar su actividad, los ratones más viejos cambiaban a un patrón de respuesta dirigido por la recompensa, aumentando su motivación por la tarea. Cuando inhibían su actividad observaban un patrón de respuesta dirigido por los costes.

Estos científicos han abierto una línea de investigación para explorar cómo los tratamientos dirigidos a aumentar la actividad de los estriosomas, bien con fármacos o bien con técnicas de biofeedback, pueden mejorar la evaluación del coste-beneficio de las recompensas, y liberar mayor motivación para involucrarse en las actividades que vienen acompañadas de un coste.

Esta línea de investigación es vital para nuestro bienestar personal y social ya que involucrarnos enérgicamente en actividades que nos supongan un reto y un desafío son cruciales para el mantenimiento de nuestra salud cerebral.