La clave para mantener la agudeza mental y prevenir enfermedades neurodegenerativas, según la ciencia

Estudios científicos determinan los métodos para mantener activo el cerebro y prevenir el deterioro cognitivo. De hecho, mantener la agudeza mental y estimulación cognitiva de una forma divertida es posible, logrando incluso prevenir enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer y el Parkinson.

Además, la ciencia respalda la idea de que el cerebro se beneficia de la estimulación y el desafío continuos. Mantener una actividad mental intensa tiene efectos positivos en la salud cerebral y la función cognitiva a lo largo de la vida, independientemente de la edad.

La importancia de producir mielina

Las actividades que desafían la mente, como aprender nuevos idiomas, tocar instrumentos musicales, resolver acertijos, leer libros o cualquier tarea que implique una implicación cognitiva, pueden ayudar a promover la formación de nuevas conexiones neuronales e incluso, fomentar la producción de mielina. La mielina es crucial para el funcionamiento del sistema nervioso, ya que aísla las fibras nerviosas y facilita la transmisión de señales eléctricas.

Estudios de neurólogos prominentes como el Dr. Norman Doidge y el Dr. Michael Merzenich respaldan la idea de que la actividad mental intensa puede conducir a cambios físicos en el cerebro, incluso en personas de edad avanzada. La plasticidad cerebral permite que el cerebro se adapte y se reorganice en respuesta a la experiencia, lo que significa que la práctica repetida de tareas cognitivas puede remodelar el cerebro y mejorar la capacidad cognitiva.

En el caso de personas con deterioro cognitivo leve, actividades como resolver crucigramas, rompecabezas u otras tareas desafiantes pueden ser beneficiosas. Un estudio realizado por la Escuela de Medicina Johns Hopkins demostró que el entrenamiento con este tipo de ejercicios cognitivos podría detener o ralentizar el deterioro cognitivo en muchos pacientes. Además, en algunos casos, se observaron mejoras e incluso reversión parcial del deterioro, lo que resalta la importancia de la estimulación mental en la salud cerebral.

Los beneficios de desafiar la mente

Desafiar la mente mediante juegos y pasatiempos mentales ofrece una amplia gama de beneficios que van más allá del entretenimiento. Aquí hay algunos de los principales beneficios:

Estimulación cognitiva: los juegos mentales desafiantes implican el uso activo de habilidades cognitivas como la memoria, la atención, la resolución de problemas, la lógica y el razonamiento. Esta estimulación constante es fundamental para mantener el cerebro activo y en forma.

Mejora de la función cerebral: al enfrentarse a desafíos intelectuales, el cerebro se ve obligado a trabajar y adaptarse. Esto puede llevar a mejoras en la función cerebral general, incluida la agudeza mental y la capacidad para procesar y recordar información.

Fortalecimiento de la memoria: muchos de estos juegos mentales requieren recordar información, patrones o estrategias. Esto ejercita la memoria a corto y largo plazo, ayudando a mantenerla fuerte y ágil.

Desarrollo de habilidades cognitivas: resolver acertijos, jugar juegos de estrategia o participar en rompecabezas ayuda a desarrollar habilidades como el pensamiento lógico, la planificación, la creatividad y la toma de decisiones. Estas habilidades son útiles en la vida diaria y pueden mejorar con la práctica continua de juegos mentales.

Reducción del estrés: estos pasatiempos pueden ser una forma efectiva de reducir el estrés y la ansiedad. De hecho, al sumergirse en estas actividades, se desvía la atención de las preocupaciones cotidianas, lo que ayuda a relajarse y mejorar el estado de ánimo.

Salud cerebral y agudeza mental

La salud cerebral y la agudeza mental son aspectos fundamentales para el bienestar cognitivo y emocional a lo largo de nuestra vida. Mantener una buena salud cerebral implica cuidar y preservar la función y estructura del cerebro, mientras que la agudeza mental se refiere a la capacidad de mantener la claridad, rapidez y precisión en el pensamiento.

Estudios científicos sugieren que mantener una mente activa a través de desafíos intelectuales puede tener beneficios a largo plazo en la prevención del deterioro cognitivo asociado con la edad y ciertas enfermedades neurodegenerativas, aunque los expertos afirman que se necesita más investigación al respecto.

Sin embargo, adoptar un estilo de vida saludable que incluya ejercicio regular, alimentación adecuada, sueño de calidad, estimulación mental, interacciones sociales positivas y manejo del estrés contribuye a promover la salud cerebral y la agudeza mental a lo largo de la vida. Estas prácticas pueden ayudar a preservar la función cognitiva y a mantener el cerebro ágil y saludable.

En resumen, mantener el cerebro activo y desafiado a través de diversas actividades cognitivas es posible, tanto en personas sanas como en aquellas que experimentan algún grado de deterioro cognitivo. De hecho, desafiar la mente con juegos y pasatiempos mentales no solo es divertido, sino que también ofrece beneficios significativos para la salud cerebral y la función cognitiva en general. Mantenerse comprometido con estas actividades puede ser una estrategia valiosa para mantener la agudeza mental y la salud del cerebro a lo largo de nuestra vida.


¡Cuidado con las pseudoterapias!

¡Cuidado con las pseudoterapias!

Frecuentemente nos encontramos con anuncios de tratamientos para supuestamente mejorar nuestra salud basados en equilibrios de energías, curaciones por imposición de manos, etc.Read more


Neuroeducación: beneficios de educar nuestro cerebro

La cultura “neuro” afirma que la esencia del ser humano, y en ello está incluido el aprendizaje y la educación, tiene que ver directamente con el funcionamiento del cerebro. Esta corriente que cada día se afianza más, señala que la memoria, la atención y todo tipo de aprendizajes esenciales como la lectura, son inherentes al desarrollo del cerebro. Hasta puede constatarse con datos en qué parte, de qué manera y en qué momento se producen estas conexiones.  Por ello, es imprescindible introducir esta área de la ciencia como un elemento para la educación y el estudio: la neuroeducación.

 

Neuroeducación: estudiando con el cerebro

 

La neuroeducación consiste básicamente en saber cómo funciona el cerebro y transmitir esos conocimientos a la educación. Analizar el desarrollo del cerebro humano y su reacción a los estímulos es fundamental para sacarle el máximo rendimiento en su época de crecimiento.

Desde el punto de vista educativo, conocer el desarrollo del cerebro mientras crece es clave para saber cómo generar un aprendizaje profundo y eficiente. Científicos como Paul MacLean  ya ayudaron a diseccionar el cerebro hace varias décadas y aseguró que el neocórtex es la parte del cerebro encargada de las funciones cognitivas superiores. Y que estas se van desarrollando desde el nacimiento hasta los 20 años de edad aproximadamente. Por esta razón, el aprendizaje debe ser progresivo y de acuerdo al desarrollo neuronal de cada estudiante.

 

Emoción y educación

 

La neuroeducación establece lazos entre la neurociencia y las aplicaciones en la educación para unificar los métodos de enseñanza de los profesores en línea con el desarrollo de los alumnos.

Uno de los aspectos más importantes que refuerza el vínculo entre el funcionamiento del cerebro y la mejora del aprendizaje es el estudio sobre las estrategias cognoscitivas. Estas estrategias hacen referencia a las actividades mentales que desarrolla la persona durante el proceso de aprendizaje y que influencian así el modo en el que presentar la información.

Así, recuerdos, elementos que impulsen la motivación o que den solución a problemas hacen más rápido y eficaz el aprendizaje.

 

Estrategias cognoscitivas
 

 

Según señala otro especialista, el catedrático de Fisiología Humana de la Universidad Complutense, Francisco Mora, “en el corazón de la neuroeducación está la emoción”.  La neurociencia enseña hoy que “el binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro. Toda información sensorial, antes de ser procesada por la corteza cerebral en sus áreas de asociación (procesos mentales, cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un “colorido emocional”. Y es después, en esas áreas de asociación, en donde, en redes neuronales distribuidas, se crean las ideas, los elementos básicos del pensamiento.

De modo que el procesamiento cognitivo, por el que se origina el pensamiento, ya se hace con esos elementos básicos que poseen un significado, de placer o dolor, de bueno o de malo. De ahí lo intrínseco de la emoción en todo proceso racional, lo que implica aprender y memorizar. Por lo tanto, un enfoque emocional es clave para enseñar.

 

Beneficios de la neuroeducación

 

La neuroeducación posee muchas ventajas en el ámbito educativo. Aquí destacamos las más importantes:

  • Mayor eficacia. Si conocemos el cerebro de una forma especializada, sabremos cómo este se puede aplicar al aprendizaje y, por tanto, beneficiará en la asimilación de contenidos.
  • Consolidación de los conocimientos adquiridos. A partir de la neuroeducación, se pueden crear estímulos al alumnado que mejoren el recuerdo.
  • Priorizar las habilidades al conocimiento. Además del contenido es necesario utilizar diferentes estrategias de aprendizaje, a través de la experimentación. Asímismo, la educación emocional es imprescindible. Todo ello, beneficiará las habilidades cognitivas del alumnado.
  • Prevención de problemas en el aprendizaje. Adaptar y corregir pautas, con el objeto de eliminar el fracaso escolar.
  • Fomentar la curiosidad y la atención entre el alumnado. Si sabemos transmitir al alumnado la emoción, interés o curiosidad por nuestra lección, sabremos motivarlos y, por consiguiente, prestarán una mayor atención en nuestras clases.

 

Conocer nuestro cerebro para llevarlo lo más lejos posible, a cualquier edad. La neuroeducación es, en definitiva, un campo de la neurociencia nuevo, abierto, lleno de posibilidades que eventualmente debe proporcionar herramientas útiles que ayuden a aprender y enseñar mejor. Pero, sobre todo, además de hacernos más eficaces y competitivos, facilitar el conocimiento en un mundo cada vez de más calado abstracto y simbólico y mayor complejidad social.

 


Neurociencia y deporte: Aplicaciones

Cuando escuchamos la tan manida expresión mens sana in corpore sano quizá no somos conscientes de hasta qué punto tiene un fundamento científico sólido.  La interrelación entre cuerpo y mente afecta de manera decisiva a nuestro bienestar físico, hasta extremos que quizás no habíamos imaginado. Es por ello que, en los últimos años, se está utilizando el conocimiento desarrollado en el área de la neurociencia para mejorar el rendimiento deportivo.

 

¿Cómo puede la neurociencia mejorar el rendimiento deportivo?

Cuando practicamos deporte, todos hemos sido conscientes del papel decisivo que juegan las habilidades mentales en nuestro desempeño. La concentración, la visión espacial o el control de la ansiedad son algunas de las capacidades que se pueden entrenar. Existen en el mercado diferentes tecnologías que permiten el entrenamiento específico de estas habilidades. Por ejemplo, el sistema Dynavision-D2  se centra en mejorar el tiempo de reacción y la coordinación ojo-mano. Esto es esencial en muchos deportes, como, por ejemplo, el tenis.

 

¿Se puede entrenar la actividad cerebral?

Existen más habilidades a entrenar además de las que hemos mencionado anteriormente haciendo uso de la neurociencia. Podemos encontrar qué tipo de actividad cerebral o qué áreas del cerebro están más involucradas en el rendimiento deportivo y tratar de potenciarlas. Por ejemplo, en el artículo de 2018 de Pereira , encontraron que los sujetos que presentaban una mayor desincronización del ritmo mu (actividad cerebral que presenta una frecuencia entre 8 y 12 Hz) eran los que mejores resultados presentaban en una competición de tiro olímpico. Conociendo cuál es la actividad cerebral que queremos potenciar, se puede hacer uso de un interfaz cerebro-ordenador. De esto ya hablamos en un artículo anterior de este blog, para entrenar y mejorar estos ritmos específicos.

 

Entrenamiento de la imaginación motora

Existe una amplia evidencia de que el entrenamiento mediante imaginación motora mejora el rendimiento deportivo. ¿En qué consiste? En imaginar de la manera más realista posible el movimiento que el deportista va a tener que realizar en la competición real. Por ejemplo, imaginar cómo golpeamos con la raqueta una pelota de tenis. La repetición sucesiva de esta imaginación produce a la larga una plasticidad cerebral que se traduce en una mejor realización de dicho movimiento en la competición real. De nuevo mediante los interfaces cerebro-ordenador, se puede diseñar una aplicación en la que el deportista pueda entrenar la imaginación de un movimiento específico.

 

¿Veremos este tipo de aplicaciones en la alta competición?

Ya hay equipos de fútbol profesional que utilizan estas aplicaciones relacionadas con la neurociencia, como el Borussia Dortmund de Alemania. En mi opinión, estas tecnologías tendrán un papel cada vez más importante en la alta competición. Especialmente en aquellos deportes en los que llegar un segundo antes o después puede suponer la diferencia entre ganar o perder, como pueden ser el atletismo o la natación. Es posible incluso que se llegue a producir en el futuro algún tipo de control de “dopaje tecnológico”. Así se evitaría que algunos deportistas puedan hacer uso de implantes que potencien sus habilidades. Sin duda, será interesante ver qué nos puede deparar en el futuro la conjunción de deporte y neurociencia.


Persona con discapacidad que podría utilizar la neurotecnología para la rehabilitación

Neurotecnologías para la rehabilitación

La recuperación de la movilidad o de la comunicación siempre han ido de la mano de los nuevos avances que se han producido a lo largo de los años. Supone un gran esfuerzo para la comunidad científica, pero gracias a ellos conocemos mejor la información acumulada en el cerebro humano. Por ello, desde ViveLibre te queremos contar por qué es imprescindible la investigación en el campo de la neurotecnología para la rehabilitación.

 

¿Qué es la neurotecnología?

La neurotecnología es una disciplina que aúna dos ramas apasionantes de la investigación, como son la neurociencia y la tecnología. Cuando escuchamos el término neurotecnología, probablemente lo asociemos con algunas ideas que hayamos visto en películas de ciencia ficción como, por ejemplo, Avatar. En ella veíamos como una persona podía controlar un avatar simplemente con su pensamiento, y percibir e interactuar con su entorno como si fuese él mismo.  O quizás se nos venga a la cabeza la película Matrix, en la que el protagonista, Neo, era capaz de aprender Kung-Fu en un instante mediante un implante cerebral.

Pues bien, aunque en la actualidad puede que no estemos tan lejos de algunas de estas aplicaciones, en este artículo queríamos esbozar algunos conceptos para que el lector pueda hacerse una idea de lo que es real y lo que no hoy en día.

 

¿Cómo funciona?

En primer lugar, debemos saber que las neurotecnologías se basan en la adquisición de la señal eléctrica que genera nuestro cerebro conocida como electroencefalograma (EEG), que se realiza normalmente en el cuero cabelludo mediante gorros o cascos con electrodos.

Este tipo de señal es muy difícil de interpretar a simple vista. Cada electrodo registra la información de miles de neuronas, que además se distorsiona al atravesar los tejidos (hueso, pelo, vasos sanguíneos, etc.) hasta que llega al electrodo.

Es necesario utilizar algoritmos de aprendizaje automático (machine learning en inglés) que descifren esta información y la transformen en un comando con el que controlar un dispositivo, por ejemplo, una silla de ruedas. Esta es la tarea que realiza el interfaz cerebro-ordenador (Brain-Computer Interface en inglés).

 

¿Para qué sirve?

Ahora bien, ¿qué tipo de información del cerebro son capaces de descifrar estos interfaces a día de hoy? ¿Pueden leer la mente? La respuesta más sencilla sería que la neurotecnología aún no ha legado a ese punto, que lo que hacen es encontrar patrones comunes de actividad cerebral que ocurren cuando realizamos ciertas actividades.

Por ejemplo, cuando intentamos mover o imaginamos que estamos moviendo nuestra mano derecha, se produce una activación en una región en el hemisferio izquierdo  que podemos detectar fácilmente.

Hoy en día hay estudios en marcha en los que se está trabajando también en decodificar las palabras que está imaginando una persona, pero aún estamos lejos de esto.

 

¿Cómo podemos aplicar la neurotecnología en la rehabilitación?

Podemos imaginar múltiples usos para estas tecnologías. El que más nos interesa en ViveLibre es el que tiene que ver con la rehabilitación o con la asistencia a personas con discapacidad.

En ese sentido, ya se han publicado diferentes estudios en los que los interfaces cerebro-ordenador se han utilizado para controlar dispositivos para la rehabilitación. Personalmente he tenido la oportunidad de participar en dos de ellos. En el primer estudio piloto, 4 pacientes con lesión medular controlaban mediante un interfaz cerebro-ordenador un exoesqueleto, o lo que es lo mismo, un armazón robótico que les ayudaba a mover sus piernas.

En el segundo estudio, 5 pacientes también con lesión medular controlaban mediante sus señales cerebrales un estimulador eléctrico. Una corriente eléctrica provocaba el cierre de su mano cuando ellos enviaban la orden.

 

¿Qué podemos esperar en el futuro?

Algunos de vosotros pensaréis que, si ya se ha conseguido realizar esto en un laboratorio, por qué no vemos estas tecnologías aún por la calle. Aún hay muchas dificultades que   de ellas en mi opinión es que aún no existe ningún dispositivo que registre la señal cerebral que sea realmente preciso y portable. Los sistemas más utilizados aún requieren el uso de cables, amplificadores, etc. que hacen inviable que una persona lo lleve puesto durante su vida cotidiana.

Algo parecido ocurre con los exoesqueletos, aún no son lo suficientemente flexibles y ligeros como para que su uso se generalice. Pero lo que parece claro, en mi opinión, es que poco a poco iremos viendo estas tecnologías en clínicas, hospitales y más adelante en las calles. Entonces la neurotecnología podrá permitir comunicarse o caminar a aquellas personas que han perdido esas capacidades.

 


Científica analizando el cerebro

5 claves para entender la neurociencia

De manera simple, la neurociencia se define como la ciencia que se ocupa del estudio del sistema nervioso. O de una manera más poética, a estudiar aquello que nos hace humanos.

No pretendo aquí hacer un repaso de las áreas que recoge la neurociencia, pero sí quiero dar algunos apuntes que, a modo de píldoras, quizás puedan ayudar a entender mejor de qué estamos hablando.

 

El cerebro humano es el sistema más complejo del universo

 

O por lo menos así lo afirman muchos autores y científicos. Sin embargo, este sistema está lleno de falsas afirmaciones o, como los llama el profesor Francisco Mora, Neuromitos, que han sido aprovechados en ocasiones para la venta de falsas terapias sin ningún fundamento. Entre los ejemplos más populares están el de dominancia de hemisferios, el del cerebro reptiliano o mi favorito (y el de Hollywood), el de que usamos solo el 10 % de nuestro cerebro. Detrás de este mito pueden estar unas, hasta hace poco olvidadas, células del cerebro que presentaré más adelante. Solo como dato, sería un derroche pensar que un órgano que representa el 2-3 % de nuestro peso corporal usa cerca del 20 % de oxígeno y el 50 % de la glucosa para funcionar al 10 % de su capacidad. Qué máquina más ineficaz sería, ¿no? (Y lo que habría que gastar en comida para llegar al 100 % de capacidad). Usamos todo el cerebro todo el tiempo, pues el cerebro funciona como un 'todo'.

 

El sistema nervioso funciona como una red que cambia

 

El cerebro tiene aproximadamente cien mil millones de neuronas, cada una de ellas interconectada con miles de neuronas diferentes. Estamos hablando de una red con alrededor de 100 billones de conexiones, la cual tiene más nodos y conexiones que la propia internet y, lo más importante, es capaz de cambiar constantemente su estructura en función de la experiencia. De esa conectividad depende nuestra percepción del mundo exterior, nuestra atención y el control de nuestro cuerpo y nuestras acciones. Pero, además, esas conexiones no son fijas, sino que cambian en función de nuestras vivencias (más adelante explico por qué esto es necesario).

 

No todo son neuronas en la neurociencia

 

Antes hablaba de unas células olvidadas, a las que hasta hace poco no se les daba más función que las de ser el “pegamento” del cerebro: las células de la glía. Sin embargo, este grupo de células, las más numerosas del cerebro (hay casi diez veces más células de la glía que neuronas, de ahí el mito del 10 %), tienen funciones mucho más importantes que la de meros andamios pasivos. Se sabe que hay diferentes tipos de células de la glía y que, entre otras funciones, son claves para la correcta migración de las neuronas a su lugar definitivo en la corteza durante el desarrollo embrionario (la glía radial). Actúan como sistema inmune del cerebro (microglía), mantienen el correcto “cableado” del sistema nervioso (las bandas de mielina) o regulan el metabolismo de las neuronas (astrocitos).

 

Nuestro cerebro evoluciona a lo largo de toda la vida

 

Durante las primeras etapas de nuestra vida, el cerebro genera nuevas neuronas y sinapsis a una velocidad sorprendente, llegando incluso a las 40.000 nuevas sinapsis formadas por segundo. Al final de este proceso, los individuos tienen muchas más neuronas y sinapsis de las que funcionalmente se necesitan o resultan convenientes. Por ello, se comienza un proceso de “poda sináptica” encaminado a eliminar estas sinapsis adicionales y aumentar la eficiencia de la red neuronal. Todo el proceso continúa hasta aproximadamente el comienzo de la pubertad,  momento en el que casi el 50 % de las sinapsis presentes a los dos años de edad se han eliminado. El patrón de poda no es aleatorio, sino que aquellas conexiones que se han utilizado y fortalecido a través de la estimulación cognitiva y sensorial, serán “salvadas” de esta poda, mientras que aquellas conexiones más débiles o redundantes serán eliminadas. Este proceso resulta necesario para un correcto funcionamiento cognitivo.

 

El proceso de formación y eliminación de conexiones neuronales continúa a lo largo de toda la vida, influenciado como decíamos por nuestros estímulos y experiencias. Por ello, este órgano es enormemente plástico, permitiendo aprender nuevas habilidades o incluso recuperar parcialmente aquellas perdidas como consecuencia de algún daño grave como un infarto.

 

De la luna al cerebro pasando por los genes y la neurociencia

 

El avance y popularidad de las ciencias del cerebro ha sido tal en los últimos años, que dos de los proyectos más ambiciosos que están en marcha actualmente tienen que ver con la neurociencia. Se trata de la iniciativa BRAIN en Estados Unidos y el Human Brain Project (HBP) de la Unión Europea, iniciadas ambas en 2013 y con una duración también similar de diez años. Estos proyectos de la neurociencia, por su complejidad y magnitud, han sido comparados con los de descifrar el genoma humano o el de la llegada del hombre a la luna (no en vano, el presidente Obama abanderó el proyecto BRAIN de manera similar a como hiciera Kennedy con las misiones Apolo).

Aunque ambas iniciativas persiguen un objetivo similar (comprender mejor el funcionamiento del cerebro humano), lo hacen desde enfoques diferentes. Así, de manera resumida, el proyecto Human Brain pretende crear una gran simulación del cerebro mediante un superordenador en el que se vuelquen todos los datos reales que hoy por hoy se conocen de este órgano.

Por su parte, la iniciativa BRAIN tiene como objetivo elaborar un mapa detallado y dinámico de todo el cerebro humano o, en otras palabras, desarrollar un "Conectoma" funcional.


Científica trabajando

Démosle otra vuelta: la pseudociencia

¿Qué aporta la “pseudociencia” frente a la ciencia? Sensación de consenso, rotundidad en sus afirmaciones, control, inmediatez… tranquilidad mal entendida. Démosle otra vuelta, que por más que hablemos del timo de la pseudociencia, estos siguen -inexplicablemente- convenciendo incluso a gente inteligente.

El método científico es, por definición, contradictorio. Para Karl Popper, una proposición sólo puede ser científica cuando es refutable, es decir, cuando puede ser puesta en duda independientemente del nivel de certeza con el que se hayan demostrado sus conclusiones.

Los científicos pasan buena parte de su tiempo buscando errores, los errores de sus hipótesis y hasta de sus conclusiones y, desde luego, los errores de hallazgos previos ya sean históricos o contemporáneos. Pueden parecer sus peores enemigos, pero lo hacen precisamente en nombre del rigor científico y de la certeza a expensas de la inmediatez. Desgraciadamente, esto no siempre es lo que les pedimos.

Les mueve la duda, su principal impulsora. Y no es que toleren la duda mejor que el común de los mortales, más bien al contrario: si a alguien le duele dudar es al científico y de ahí su afán por establecer hipótesis y hallar conclusiones veraces. De ahí su afán por plantearse cada resultado. De ahí su afán por… ¡dudar! Lo que decía… contradictorio.

Sin embargo, no lo es tanto si lo analizamos en detalle. Son exigentes e inconformistas, no erráticos ni apresurados. Conocen las limitaciones del saber y aceptan que lo perfecto es enemigo de lo bueno, pero de lo bueno, no de cualquier superchería. En particular, en neurociencia lo que se busca son niveles razonables de certeza, no se busca la verdad porque esta puede ser subjetiva y cambiante. Lo que un neurólogo diga podrá criticarlo un psiquiatra, un genetista, un endocrinólogo y viceversa.

Esto no sucede con la pseudociencia. Entre estas corrientes existe consenso, se apoyan, no ponen en duda las conclusiones de otros básicamente porque no ponen en duda casi nada. Lo dan por sentado, por demostrado, y lo hacen utilizando una terminología científica que desconocen, pero hacen propia para aparentar el rigor que a ellos les falta y ahí radica su mayor crimen: son impostores de la verdad. Eso sí: impostores con facilidad para convencer, porque ellos sí nos dan lo que buscamos: sensación de consenso, de uniformidad y rapidez, inmediatez. La pseudociencia se aprovecha de la moda -su principal valedor y hasta ahí, perfectamente respetable-, pero sobre todo de la desesperación y del miedo y esto debería -en mi modesta opinión- ser un delito cuando no se trata de una convicción propia sino del personaje lenguaraz genuino y consciente de su comportamiento fraudulento.

A lo largo de la historia hemos sido testigos de numerosas hipótesis científicas que han demostrado con el tiempo ser falsas. El propio Mesmer renunció a sus “terapias magnéticas” por ineficaces, pero ya era tarde: se montó un negocio millonario -del que él no obtuvo rédito- en torno a sus hallazgos y la moda, la desesperación de los enfermos y la impostura de los aprovechados sin escrúpulos, hicieron el resto. Ahí radica la pseudociencia.

Del mismo modo que no se demostró que el “mesmerismo” fuera una terapia curativa científicamente demostrada, tampoco se ha demostrado que la única finalidad de las vacunas sea el enriquecimiento de la Industria Farmacéutica. No todas las vacunas han sido descubiertas por empresas privadas. El Dr. Jonas Salk salvó diez millones de vidas gracias a la vacuna contra la poliomielitis. Incontable el número de vidas cuya calidad mejoró. Nunca la patentó, porque “no se puede patentar el sol”. No me corresponde a mí defender a la Industria Farmacéutica pero no seré yo quien la demonice, pues mayores son los beneficios que como médico observo en mi actividad clínica cotidiana, que las acusaciones demostradas de fraude por parte de éstas. ¿No queremos pagar un exceso de beneficio a una empresa privada? Genial noticia para nuestros investigadores: mayor inversión en I+D+i y asunto resuelto.

No neguemos la evidencia: los libros de medicina han cambiado. Ya no vemos enfermedades que antes sí veíamos y esto es en gran medida gracias a la Medicina Preventiva, a la cloración y la fluoración del agua, a las vacunas, a la sustitución del plomo en las cañerías, a los fármacos… a los avances de la ciencia, en definitiva.

También vemos, cierto, enfermedades que antes no veíamos: incremento disparatado de la obesidad, adicciones a los videojuegos, nuevos tipos de cáncer por tóxicos de nueva aparición o uso generalizado… Pero, ¿quiénes son los primeros que se percatan de estas alarmas? Un padre puede percibir un problema de un hijo, pero somos los profesionales -por ejemplo, los profesores, pero sobre todo los sanitarios- los que antes nos damos cuenta de que algo nuevo y diferente está pasando, ya sea cualitativa o cuantitativamente.

No siempre tenemos respuestas, no siempre tenemos tratamientos, ni siquiera tenemos siempre diagnósticos, pero no hacemos falsas promesas. Podemos cometer errores, como en todas las profesiones, pero nuestra profesión no parte de un error conocido. No jugamos con su desesperación, tratamos su enfermedad lo mejor que podemos y sabemos, y con las herramientas que mejor han demostrado (científicamente) su eficacia.