Envejecimiento bajo control: más vida y mayor bienestar

¿Se puede medir el ritmo de envejecimiento de la vida? Y más importante aún ¿es posible alargar los años de vida garantizando un nivel de calidad y bienestar suficiente?

Este es el gran reto que persigue la ciencia desde hace mucho. Vivir más, pero sobre todo, vivir mejor y gozar de la autonomía y la independencia para poder seguir tomando nuestras decisiones y realizar nuestras tareas diarias durante más tiempo.

Esto es lo que los investigadores de la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia (EEUU) con el apoyo de la Fundación John A. Hartford llevan persiguiendo desde hace años.  Los científicos han desarrollado un barómetro que estudia, entre otras cosas, cómo los países se están adaptando al aumento en número y proporción de personas mayores en sus territorios.

 

Nuevo índice de Envejecimiento

 

Como hemos indicado, este nuevo índice estudia medidas específicas a través de cinco indicadores sociales y económicos que reflejan el estatus y el bienestar de las personas mayores en los diferentes países.

Desarrollado inicialmente para 30 países, el índice rastrea fuentes nacionales de datos sobre la edad de la población en diferentes lugares, incluyendo Estados Unidos y Europa Occidental. Según los datos obtenidos, el índice destaca que los cinco países que mejor se enfrentan al envejecimiento de la población son: Noruega, Suecia, Estados Unidos, Países Bajos y Japón.

Los elementos que evalúa el índice de envejecimiento de Hartford son:

  • Bienestar: mide el estado de salud.
  • Productividad y compromiso: evalúa la conexión dentro y fuera del trabajo.
  • Cohesión: medidas a través de generaciones y conectividad social.
  • Equidad: mide las brechas en el bienestar y la seguridad económica entre los que tienen y los que no tienen.
  • Seguridad: alude a las medidas de apoyo para la jubilación y la seguridad física.

 

“El índice proporciona una mirada exacta sobre lo bien que las sociedades se están adaptando a este desafío del envejecimiento. Esta herramienta permite a los países tener una visión más amplia de las condiciones actuales y de las probables realidades demográficas futuras”, explican los expertos.

 

Un paso más: medir el envejecimiento en sangre

 

Un grupo de epidemiólogos investigadores de esta misma escuela de Mailman (U. Columbia) ha diseñado además una herramienta innovadora para medir el envejecimiento biológico a través de la metilación del ADN en sangre.

La herramienta, a la que han bautizado como DunedinPoAm, es sensible a la variación del ritmo del envejecimiento biológico y lo puede analizar entre personas nacidas en el mismo año. El modo en el que lo lleva a cabo es mediante la medición de la metilación del ADN en la sangre.

Además, aporta una medida única para llevar a cabo ensayos de intervención y estudios de experimentos naturales. Investigan cómo el ritmo de envejecimiento puede modificarse por la terapia de comportamiento, de la administración de fármacos o, incluso por cambios en el medio ambiente.

 

Envejecimiento y enfermedades crónicas: algunas conclusiones

 

Según este estudio, los adultos de mediana edad que envejecerán más rápido mostraron declinaciones más rápidas en el funcionamiento físico y cognitivo y se veían más viejos en las fotografías faciales. Los adultos mayores que según la medición envejecían más rápido tenían, además, un mayor riesgo de sufrir enfermedades crónicas (bronquitis, neumonía, enfermedades cardiovasculares…) y de una mortalidad prematura mayor.

En otros análisis, los investigadores mostraron que DunedinPoAm captó nueva información no medida por las medidas propuestas de envejecimiento biológico conocidas como relojes epigenéticos. Según la herramienta, los jóvenes de 18 años con antecedentes de pobreza y abuso infantil mostraban un envejecimiento más rápido. También se veían afectadas por la restricción calórica registrada en el ensayo aleatorio.

En su estudio, los investigadores se propusieron desarrollar además un análisis de sangre que se pudiera realizar al principio y al final de un ensayo controlado. Esto determinaría si el tratamiento había ralentizado el ritmo de envejecimiento de los participantes. Por ello, analizando las marcas químicas del ADN (la metilación) se observó que estas cambian a medida que envejecemos, añadiéndose nuevas y perdiéndose otras. El estudio se centró en los glóbulos blancos de la sangre.

En definitiva, parar el reloj del envejecimiento no parece posible (aún). Pero cada vez estamos más cerca de alargar la vida y retrasar el proceso del envejecimiento biológico. Tanto desde el punto de vista genético como social y medioambiental.

Lograr un envejecimiento saludable implica mantener la salud de las personas mayores y conseguir que permanezcan autónomas e independientes el mayor tiempo posible. Por este motivo es imprescindible abordar la salud desde una perspectiva preventiva y trasversal. Que se incorpore a todas las políticas relacionadas con las personas mayores.

Un Envejecimiento saludable significa también dotar a los mayores para que puedan mantenerse activos y autónomos en la sociedad. Lo que permitirá una reducción o retraso de las enfermedades crónicas y la consecución de una vida más larga pero, sobre todo, mejor.

 


Enfermedad crónica y depresión en personas mayores

Aurelio se levantaba pronto por las mañanas, desayunaba con ganas su vaso de leche y sus galletas. Una vez ya arreglado, salía a dar una vuelta por el barrio. Algunas mañanas hacía algo de compra, por si venían los nietos a merendar o para preparar esas lentejas tan ricas que tanto le gustaban a su hija María. Otras mañanas, cogía el metro y se iba a visitar a algún compañero. O se quedaba en casa dedicando tiempo a sus aficiones: pintar maquetas de aviones de combate. Y sus plantas, en su terraza, no era mucho el espacio, pero ya se había atrevido a tener su jardín vertical.

Y así transcurrían las mañanas de Aurelio. Por las tardes, otras actividades, se había apuntado a un curso de fotografía, con frecuencia recogía a sus nietos y los llevaba al parque, y si había fútbol, se quedaba con los amigos a cenar en el bar. Pero todo esto era hacía un año.

Aurelio ahora vive sus días de otra forma. Se ha sumido en una profunda tristeza y desgana desde que una enfermedad crónica apareció en su vida.

Todo comenzó con unos temblores y unos dolores musculares. Sus hijos lo acompañaron al médico y después de varios exámenes, el diagnóstico estaba claro: enfermedad de Parkinson. Los síntomas eran leves y su médico le explicó el tratamiento, las expectativas, e intentó calmar sus preocupaciones y despejar sus dudas.

En principio todo parecía relativamente normal, más allá de la medicación que tomaba y algunos cambios que había tenido que asumir en su vida. Pero poco a poco, sus ganas de aprender y hacer cosas no eran suficientes para que saliera a la calle. En sus oídos, retumbaban las palabras del médico: “… de momento no existe una cura".

 

Diagnóstico: enfermedad crónica

 

Esta es la historia de Aurelio, pero podría ser la de cualquier persona afectada por una enfermedad crónica como son la diabetes, fibrosis, demencia senil o enfermedades cardíacas, entre otras. Estas enfermedades pueden aumentar las posibilidades de desarrollar algún tipo de afección mental.

Es habitual que, tras recibir un diagnóstico poco favorable, tras un ingreso hospitalario urgente o en períodos de dolor, el estado de ánimo del paciente decaiga o pase por momentos de ansiedad, angustia y tristeza. Los pacientes que conviven con una enfermedad crónica, sin embargo, tienen que añadir la incertidumbre y la preocupación. Tienen que aprender a sobrellevar una enfermedad que no tiene un carácter puntual y que, en la mayoría de los casos, en mayor o menor medida, modificará sus vidas.  Surgen nuevos límites en el día a día, los ajustes de medicación no son sencillos de llevar e incluso algunas medicaciones tienen efectos secundarios.

 

Pero si pasado un tiempo prudencial, el paciente no se ha adaptado a la nueva situación, no ha introducido o aceptado los cambios necesarios en su vida para seguir disfrutando de buenos momentos, y no lo exterioriza ni lo comparte con los más allegados, es probable que hablemos de depresión, estrés u otros trastornos.

 

Cuando la enfermedad produce patologías mentales

 

La Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) junto con el Real Patronato sobre Discapacidad refleja, en un informe elaborado tras analizar los factores relacionados con las enfermedades crónicas en adultos mayores de 65 años, que el estrés, la depresión y la ansiedad son algunas de las dolencias que más influyen en los mayores con enfermedades crónicas.

La POP pone de manifiesto la necesidad de tener en cuenta al paciente con todas sus circunstancias tanto clínicas, emocionales o sociales y tratar de forma global la pluripatología que presenta.

Dentro de las iniciativas planteadas para atenuar el menoscabo emocional de estos pacientes, destaca el diseño de intervenciones de integración en su comunidad y se propone “la universalización de la atención psicológica en el sistema público de salud y la incorporación de las necesidades particulares de las personas mayores y sus familiares en el diseño de los protocolos de intervención psicológica”.

Porque, como diría Kabat-Zinn, “no puedes parar las olas, pero puedes aprender a surfear”. Y en eso estamos todos. Enfrentándonos a los problemas de salud con todo aquello que pueda ayudarnos a asimilarlo y darnos la mejor calidad de vida y bienestar posible.


Cómo afecta la pérdida auditiva a las relaciones sociales

Los síntomas del envejecimiento no siempre son los mismos para todo el mundo, pero sí hay ciertos síntomas que podemos generalizar. Uno de los más habituales, que todo el mundo asocia con la edad es la pérdida auditiva.

Suele aparecer poco a poco, de manera progresiva y en ocasiones, la persona no se da cuenta hasta que ya es tarde. Por eso es importante detectar los primeros signos. El primer signo que nos puede alertar de que se está produciendo una pérdida de audición es la dificultad para comprender las palabras cuando el ruido de fondo es elevado (por ejemplo, en un restaurante).

 

Aislamiento social y pérdida auditiva

 

El no escuchar a los demás implica no poder interactuar con otras personas. Al principio se pueden perder en algunas palabras, pero poco a poco van dejando de escuchar conversaciones enteras y se va produciendo un aislamiento social que a menudo deriva en tristeza y depresión. Incluso, en ciertos entornos, el tener que repetir el mensaje constantemente, o las preguntas que no se llegan a responder pueden resultar molestas o incomprendidas por muchas personas que no sean conocedoras del problema.

Por estos motivos, es necesario detectar a tiempo el problema y poner así los medios necesarios que eviten este aislamiento, que puede generar problemas mayores de distinta índole.

En un primer momento, cuando la persona empieza a no escuchar bien, cree que son los demás los que no hablan lo suficientemente alto. No asumen que el problema pueda ser suyo, sino que tienden a culpar al interlocutor.

Hay que tomar conciencia de que si la pérdida auditiva no se trata y se asume como algo típico de la edad, esta deficiencia puede empeorar hasta el punto de no poder o no querer esforzarse para participar en las conversaciones. Por lo tanto, quedan fuera del mundo que les rodea. No hay que minimizar este aislamiento social porque tienen como consecuencia un aumento del deterioro cognitivo producido por falta de estímulos, que además, acelera el proceso de envejecimiento.

Por ello, tal y como hemos dicho, es importante que la familia detecte a tiempo los primeros síntomas de pérdida de audición y se comprometan a hacer ver al familiar la necesidad de poner una solución a tiempo.

 

Audífonos, la solución perfecta

 

Los audífonos son claves para volver a conectar a la persona mayor con el mundo. Proporcionan ayuda al cerebro para procesar la información sonora y mantienen la actividad cognitiva. Escuchar a los demás y participar socialmente, mejora la autoestima y la calidad de vida de la persona con pérdida de audición.

Alguno de los síntomas que pueden alertarnos de que se está perdiendo audición son: en el momento en que la persona deja de participar en las conversaciones, cuando antes sí lo hacía; dificultad para escuchar correctamente cuando le llaman por teléfono, o si habla en un tono demasiado alto. Otro síntoma claro, es cuando la persona tiende a subir el volumen de la televisión más de lo normal o si pide que repitas lo que has dicho constantemente.

Una vez detectado el problema, es importante pedir cita con el otorrino para que pueda valorar la pérdida auditiva y hacer un diagnóstico para buscar la mejor solución posible.

 

Recuerda que tener una buena salud auditiva es clave para tener una buena calidad de vida. Y el uso de audífonos ayuda a mantener las relaciones, mejora la capacidad de escucha y fomenta una vida lo más normalizada posible. Así las reuniones con gente pasan a ser parte del día a día y no un lugar incómodo por la pérdida de información constante.

 

 


Tecnología al servicio de la salud

Es difícil prever lo que nos deparará la ciencia médica, pero qué duda cabe que la irrupción de la tecnología en nuestras vidas ha supuesto una revolución de servicios y avances que han afectado al campo de la salud. Hablamos de la telemedicina y telesalud. La tecnología tiene la capacidad de aportar mayor calidad en la atención médica y de hacerla accesible a más personas. Desde la red como un recurso sustancial para buscar y compartir información, historiales clínicos on-line, control de tratamientos, diagnósticos virtuales… hasta las redes sociales como escaparate para fomentar y motivar el cuidado de la salud y difundir las campañas de sensibilización pública.

De aplicaciones para teléfonos inteligentes a los médicos virtuales, la tecnología ofrece un nuevo catálogo de posibilidades.

 

Orígenes de la medicina y la telemedicina

 

En Mesopotamia, cuando surgen las primeras civilizaciones ya encontramos signos de un gran conocimiento de la medicina. En el propio código Hammurabi se evidencian referencias a los médicos y sus formas de curar. Sin embargo, hasta los egipcios no encontramos una búsqueda de explicaciones científicas vinculadas a los síntomas y las enfermedades.

Pero es en las civilizaciones griegas y romanas donde hallamos un claro exponente de qué es la medicina y lo que supuso para la humanidad. Desde entonces, a diferentes ritmos, pasando por las distintas etapas de la historia, la medicina ha ido creciendo y evolucionando con el hombre. Los avances comienzan a ser notorios en los siglos XIX y XX, con la irrupción de la tecnología. Donde se acumulan los nuevos conocimientos, técnicas, tratamientos y dispositivos médicos.

Con la aparición del telégrafo y posteriormente con la llegada del teléfono se marca el inicio de la telemedicina. La velocidad en la comunicación es un logro, tanto médicos como pacientes podían hablar directamente por teléfono.

Sin embargo, los usos iniciales de la telemedicina tuvieron lugar en la década de los 50. Cuando se empiezan a transmitir vídeos, imágenes y datos médicos complejos. Desde entonces, los beneficios de la tecnología nos brindan oportunidades para que la atención médica sea más eficaz, mejor coordinada y cerca del hogar.

 

Telemedicina y telesalud, ¿en qué se diferencian?

 

Telemedicina es, literalmente, “medicina a distancia”. Una definición más extensa apunta a que la telemedicina es “el uso de las telecomunicaciones y tecnologías de la información (TICs) para proporcionar servicios médicos. Independientemente de dónde estén localizados los pacientes, los profesionales, el equipamiento o la historia clínica”.

La transmisión de imágenes para el diagnóstico remoto, la monitorización remota del paciente, el almacenamiento y reenvío de información y el uso de tecnología interactiva son claros ejemplos de telemedicina.

Mientras que la telesalud es un concepto mucho más amplio. Se puede definir como un fenómeno saludable que aporta educación, diagnóstico y tratamiento vinculados con la salud y conciencia a la población sobre situaciones de su propia salud. La telemedicina solo define el uso de la tecnología para tratar a los pacientes. Pero la telesalud también aborda los servicios no clínicos como las campañas, formación, educación sanitaria, etc.

Estos dos conceptos han revolucionado por completo los servicios médicos convencionales. Tanto como una herramienta clave para diseñar una medicina más sostenible, como una mejora esencial para la salud de aquellas personas que habitan en lugares remotos o de difícil acceso.

 

Beneficios que nos aportan

 

Tanto la telemedicina como la telesalud se configuran como una innovación que está desempeñando un rol de gran importancia en el crecimiento y transformación de los servicios de la salud en el futuro. Por eso, hay ya algunas soluciones frente a los retos y desafíos actuales como el envejecimiento, las enfermedades crónicas, el déficit de especialistas en determinadas áreas geográficas o la necesidad de gestionar grandes cantidades de información, entre otros.

  • Apps del cuidado de la salud
  • Portales médicos electrónicos
  • Monitoreo desde el hogar
  • Médicos y asesoramientos virtuales

 

Estas soluciones son muy útiles para recordarnos cuándo y qué medicinas hay que tomar y gestionar citas médicas. También para registrar valores como el azúcar en sangre, la presión arterial y ver resultados de pruebas. O incluso, tratar enfermedades crónicas como la diabetes o el asma, control de dietas o registro de patrones de sueño. Los servicios convencionales siguen siendo necesarios pero el asesoramiento y seguimiento se realizan de forma virtual, brindando al usuario comodidad y tranquilidad.

Parafraseando a Séneca “No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho” podemos añadir que los pacientes cada vez dan mayor importancia a la rapidez en el tiempo de respuesta y la calidad del diagnóstico.


Ciudades "green", sostenibles y muy saludables

Vivir en ambientes urbanos con mucha población y concentración de personas y edificios, no sólo suele ir acompañado de mayores índices de contaminación, sino que incrementa los niveles de estrés. Este hecho ampliamente estudiado, cuenta con el remedio de que el contacto, aunque breve, con la naturaleza cercana (parques, lagos, montañas, etc.) mitigan rápidamente muchos de los efectos negativos de ese estrés mental. Las ciudades green son la solución perfecta.

La pandemia ha puesta de manifiesto más que nunca que el encerramiento en lugares pequeños no es bueno para la salud mental. La exposición a la naturaleza se ha relacionado en muchos estudios con significativas reducciones en la depresión, la ansiedad y hasta la esquizofrenia.

El acceso a la naturaleza es un factor influyente en la promoción de la salud del hombre y ofrece beneficios físicos y mentales.

 

Ciudades verdes y más sanas

 

La proliferación de parques y espacios verdes bien diseñados incentiva la actividad física de las personas que viven cerca. Esto conlleva una reducción de la obesidad y beneficia la capacidad pulmonar y de resistencia. Ya hay datos que indican claramente que los barrios con más árboles tienen menor prevalencia de enfermedades cardiacas y respiratorias (Proyecto  Green Heart Louisville).

La cantidad de árboles y plantas de las ciudades influye en las islas de calor urbanas. Es decir, los efectos de la radiación de calor de los edificios y las calles. Ha quedado demostrado que las ciudades más pobladas son siempre más calientes que las áreas circundantes. En cambio, si cuentan con espacios verdes pueden resultar varios grados más frías. Este hecho, junto a la reducción de la contaminación que también produce, salva vidas, según señalan investigaciones del TNC.

Actualmente el 54% de la población de todo el planeta es urbana. Este porcentaje se va a incrementar al menos hasta el 66% en el año 2050, según afirma Naciones Unidas. Ante esta realidad se impone una reflexión más allá de la estética o los espacios de recreo. ¿Cómo podemos hacer que nuestras ciudades sean más sanas?

 

Big Data para las ciudades sostenibles: GoGreenRoutes

 

La COVID-19 ha recolocado las prioridades en todos los sectores. Así, un nuevo proyecto de la Unión Europea investiga y busca datos científicos para tener una radiografía clara de los beneficios que la naturaleza urbana tiene para la salud de las personas.

Hasta 11 millones de euros financiados se destinarán a aplicar soluciones novedosas. Intervenciones urbanas basadas en la naturaleza, análisis de big data y ciencia ciudadana para investigar los vínculos entre los espacios verdes y la salud y el bienestar.

Con una red de casi 40 socios en Europa, América Latina y China, GoGreenRoutes va a poner en marcha “soluciones basadas en la naturaleza”. Transformarán a las 6 ciudades pioneras. Innovación y ciencia conectada que contarán con la participación de nueve centros urbanos, 14 universidades e instituciones de investigación, 12 pequeñas y medianas empresas y cinco ONG. Todo al servicio de un diseño responsable que fomente la unión de la naturaleza en los entornos urbanos.

Concretamente, algunas de estas intervenciones servirán para limitar el tráfico de vehículos motorizados de los ciclistas y peatones. Para limitar la contaminación y por el beneficio de todos los grupos de género y edad en Umeå (Suecia). Cultivar la copropiedad de los espacios verdes urbanos en Versalles (Francia). Preparando la ciudad para el futuro para nuevos desarrollos planificados y reduciendo los riesgos de gentrificación. O aprovechar todo el potencial de los espacios naturales para fomentar un estilo de vida más activo y un mejor bienestar en Burgas (Bulgaria), entre otros.

 

Vida más saludable en las Ciudades green

 

Está claro que lo verde es algo más que una moda. Llevar un diseño sostenible y que apueste por la salud es algo que desde ViveLibre siempre apoyaremos.

El acceso a espacios verdes es fundamental para la salud y el bienestar mental. Tal como lo recoge también la meta 11 de los ODS que habla de proporcionar acceso universal a espacios públicos y verdes seguros, inclusivos y accesibles. En particular para mujeres, niños, personas mayores y personas con discapacidad, para 2030.

Pasar tiempo al aire libre, además de mantenernos seguros respecto a la transmisión de virus, promueve una respuesta psicofisiológica positiva. Las ciudades green son clave para nuestra respuesta resiliente a los desafíos globales.

Por eso, poner la tecnología a trabajar significa crear mejores lugares para vivir, y estos, por definición, deben ser siempre más sanos y seguros para todos.

 


Hogares adaptados para ganar autonomía y bienestar

A medida que vamos envejeciendo, vamos teniendo más dificultades para movernos y realizar las tareas cotidianas. La mayoría de personas mayores prefieren seguir viviendo en su hogar de toda la vida, en lugar de ir a una residencia, por ejemplo. Por eso es importante adaptar la vivienda a tus circunstancias personales. Eliminar ciertos elementos te ayudará a estar más cómodo y seguro dentro de tu hogar.

Lo más importante es prevenir las caídas o posibles accidentes domésticos, ya que una lesión de este tipo puede tener graves consecuencias para la salud.  Por ello, hay que empezar a adecuar el hogar con tiempo, y no dejarlo para última hora.  Lo más recomendable es ir implementando ciertos cambios según vayan apareciendo las nuevas necesidades. Si realizamos los cambios de manera progresiva, serán menos traumáticos para la persona mayor o dependiente.

 

Recomendaciones para adaptar tu vivienda

 

Algunos de los cambios que puedes realizar en tu hogar y que te ayudarán a estar más seguro dentro de tu vivienda son los siguientes:

 

  • Es importante quitar los elementos que nos dificulten los movimientos. Por ejemplo, las alfombras. Son un elemento decorativo que puede ser el causante de muchos tropiezos y caídas. Eliminarlo de tu hogar, te dará tranquilidad.
  • Intenta que no haya elementos en tu paso. Lo mejor para tu seguridad son los espacios diáfanos. También será de ayuda que las estanterías y armarios no estén llenas de cosas, sino que esté todo accesible y ordenado.
  • Si hay alguna habitación con poca iluminación, deberás iluminarla correctamente. Para evitar golpes o caídas, es importante poder ver todo lo que tenemos a nuestro alrededor.
  • Si aún no has cambiado la bañera por una ducha, es buen momento para hacerlo. Además, es recomendable instalar barreras de apoyo para facilitar la entrada y salida de la ducha. Colocar un asiento en la ducha y alfombrillas antideslizantes también evitara que te resbales.
  • Otro de las adaptaciones que puedes realizar en el cuarto de baño para mayor comodidad, es la elevación de la altura del inodoro con barras de agarre.
  • Es muy recomendable que pongas almohadillas antideslizantes en las patas de los muebles, como sillas y mesas, y evitar los muebles que tengas ruedas o esquinas pronunciadas.
  • Si empiezas a tener dificultades para acostarse, las camas eléctricas son muy recomendables, ya que facilitan el acceso a la hora de acostarse y levantarse.
  • Es recomendable que tengas un interruptor de la luz en la entrada del dormitorioy otro cerca de la cama, para evitar tener que acostarte o levantarte a oscuras.
  • Un cambio que puedes introducir para evitar esfuerzos innecesarios es instalar persianas eléctricas en lugar de las manuales.

 

Estas son algunas de las recomendaciones que puedas hacer para adaptar tu vivienda. No es necesario hacerlas todas a la vez, sino poco a poco y dependiendo de tus necesidades y prioridades. Lo importante es ir ganando en autonomía y bienestar.

Si deseas hacer una obra mayor, como instalar un ascensor, o ensanchar las puertas para que pueda entrar una silla de ruedas, existen subvenciones o ayudas especiales que te permiten adquirir material de asistencia o ejecutar cambios en la distribución del hogar por un coste más reducido. Te recomendamos que te informes en tu comunidad autónoma.

 

Recuerda, tener la vivienda adaptada a tus necesidades particulares facilita tu vida diaria, y aumenta tu autonomía y calidad de vida.


Ejercicio e insulina: buenos aliados

Hacer ejercicio es para todos: jóvenes y mayores. Cualquier actividad deportiva puede ser placentera, siempre y cuando la convirtamos en una experiencia positiva que nos atraiga. Además de sumar también metas y superación y donde nuestras habilidades sean proporcionales a sus dificultades. También es fundamental el ejercicio para las personas con diabetes. Ejercicio e insulina son buenos aliados.

 

Un valor añadido: nuestra salud

 

Se ha demostrado que aquellos que practican deportes con regularidad son más optimistas. Sufren menos presión y ansiedad, y su estado de ánimo tiene menos altibajos. Además de ser más resistentes a algunas enfermedades físicas y emocionales.

Los ejercicios aeróbicos frecuentes y regulares ayudan a prevenir y tratar la tensión arterial alta, la obesidad, enfermedades cardíacas, diabetes y mejoran la calidad del sueño. Por otro lado, la actividad física moderada fortalece el sistema inmunológico, este se vuelve menos susceptible a los resfriados y la gripe.

El ejercicio y los deportes son una técnica de manejo del estrés muy eficaz. Aumentan los niveles de serotonina y endorfinas en el cerebro, lo que a su vez lo vuelve a uno alegre, activo y con una mayor autoestima.

 

Insulina y ejercicio

 

Pero queremos centrarnos en su influencia sobre una enfermedad tan importante como la diabetes. La diabetes es una condición de salud crónica que afecta a la forma en que nuestro cuerpo convierte los alimentos en energía. La mayoría de los alimentos que ingerimos se descomponen en azúcar (glucosa) y se liberan en la sangre. Cuando nuestro nivel de azúcar en sangre aumenta, le indica al páncreas que libere insulina. Esta actúa como una llave para permitir que el azúcar en la sangre ingrese a las células de nuestro cuerpo para usarla como energía.

Si tenemos diabetes, nuestro cuerpo no produce suficiente insulina o no puede utilizar la insulina que produce tan bien como debería. Cuando no hay suficiente insulina o las células dejan de responder a la insulina, queda demasiada azúcar en la sangre. Con el tiempo, eso puede causar problemas de salud graves, como enfermedades cardíacas, pérdida de la visión y enfermedad renal.

Hay tres tipos principales de diabetes: tipo 1, tipo 2 y diabetes gestacional (diabetes durante el embarazo).

La diabetes tipo 1 es causada por una reacción autoinmune que impide que el cuerpo produzca insulina. En la diabetes tipo 2, nuestro cuerpo no usa bien la insulina y no puede mantener el azúcar en sangre en niveles normales. Aproximadamente el 90-95% de las personas con diabetes tienen el tipo 2. Se desarrolla durante muchos años. Es posible que no notemos ningún síntoma, por lo que es importante hacerse una prueba de azúcar en sangre si está en riesgo. La diabetes tipo 2 se puede prevenir o retrasar con cambios saludables en el estilo de vida. Por ejemplo, perder peso, comer alimentos saludables y mantenerse activo.

 

¿Qué es la insulina y por qué el ejercicio mejora su sensibilidad?

 

La insulina es una hormona que lleva a cabo acciones no sólo en el metabolismo de los glúcidos, sino también en el de los lípidos y proteínas.  En cuanto a los glúcidos, la insulina favorece el uso de la glucosa como combustible metabólico. Esto aumenta la captación de glucosa por parte de las células. Los niveles altos de glucosa en sangre favorecen la secreción de insulina, la cual provoca la disminución de la glucemia, haciendo que cese la liberación de insulina. La insulina también favorece la síntesis de lípidos y la síntesis de proteínas (se fomenta la recuperación de los tejidos y estructuras dañadas).

Durante y después de hacer una actividad física, se aumenta la sensibilidad a la insulina. Al contraerse los músculos durante el ejercicio, se activa otro mecanismo totalmente separado de la insulina. De esta forma, las células pueden aprovechar más cualquier insulina disponible y ser usada como fuente de energía.

 

¿Y qué dicen las últimas investigaciones?

 

La revista PNAS publica una investigación del Hospital Clínic-IDIBAPS de Barcelona y del CIBERDEM. Esta abre una nueva puerta médica para tratar la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico.

Los investigadores de estas entidades y del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) han descubierto que el ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina. Esto es debido a que los músculos liberan determinados microRNAs que articulan la expresión de genes en el hígado que agilizan la tarea de la insulina. Los microRNAs son pequeñas moléculas que están implicadas en la regulación de varios procesos biológicos. Estos pueden secretar casi todas las células y se distribuyen a través de la sangre en los exosomas, unas pequeñas nanovesículas capaces de transportarlos. Convirtiéndose en un sistema potencialmente muy relevante para la comunicación intercelular.

La investigación ha constatado que, en respuesta al ejercicio, tienen lugar cambios en el patrón de los microRNAs que albergan estos exosomas.

En conclusión, parece claro que el efecto de la actividad física en la glucosa varía según el tiempo que lleva activo junto a otros factores. El ejercicio puede reducir la glucosa en la sangre hasta 24 horas o más tras él. Ya que hace que el cuerpo sea más sensible a la insulina. En este sentido, parece que se visualiza un campo de investigación trascendental para identificar nuevos biomarcadores para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento.

 

Moverse siempre ha sido bueno. Parece que tras este estudio, es importante también para mejorar la sensibilidad de la insulina y ayudar a protegernos frente a la diabetes. Así, que ¡a aplicarlo!

 

 


Medicación: la importancia de una administración correcta

Para mantener un correcto cuidado de nuestra salud es importante llevar una alimentación sana y variada, hacer algo de ejercicio y dormir las horas recomendadas. No hay que olvidar, que también debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para prevenir situaciones que deriven en enfermedad, porque al final, la mayor responsabilidad en preservar nuestra salud está en nosotros mismos. No menos importante es el tema de la medicación.

Cuando enfermamos o si tenemos una patología crónica es muy importante tomarse de forma responsable y rigurosa la medicación que nos prescriban. Y, por supuesto, seguir siempre todas las pautas de nuestro médico en relación a este tema.

Es fundamental tomar la medicación de manera regular para garantizar los mejores resultados posibles y, desde luego, consultar cualquier problema que nos dé, pero nunca automedicarnos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso adecuado de los medicamentos implica que el paciente reciba cada medicamento para la indicación específica, en la dosis correcta, durante el tiempo establecido y al menor coste posible para él y para la sociedad. Sin embargo el 50% de los pacientes los toman de forma incorrecta.

 

Uso inadecuado de la medicación

 

Si no administramos la medicación de forma correcta, corremos el riesgo de tener efectos secundarios no deseados, y por supuesto, la pérdida de eficacia del tratamiento, que conllevará que la enfermedad dure más de lo deseado.

Para poder administrar la medicación de forma correcta es importante que el paciente entienda las indicaciones de su médico. Si no lo comprende bien, es importante que pregunte las veces que sea necesario, sin tener miedo de molestar.

Asimismo, para conseguir una mejor adherencia terapéutica es necesario que haya consenso en el plan de tratamiento entre paciente y médico. No sirven de nada las indicaciones del médico, si el paciente sale de la consulta pensando que no va a realizar el tratamiento indicado por determinadas circunstancias o dificultades. Es fundamental que tome parte en las decisiones relacionadas con su salud.

 

Fallos: ¿por qué incumplimos el tratamiento?

 

Las causas que provocan que no se cumpla el tratamiento como debería son muchas. Podemos distinguir entre las que son voluntarias y el paciente es plenamente consciente, y las que son de manera involuntaria, aunque igualmente afectan a la eficacia del tratamiento.

Las causas más frecuentes de fallos a la hora de seguir el tratamiento adecuadamente son:

  • No seguir el horario recomendado. Mucha gente no le da la importancia que tiene a seguir el horario establecido por el médico, y realiza las tomas en horas que no corresponden.
  • No terminar el tratamiento completo. Esto es una de las causas más frecuentes. En el momento en que el paciente empieza a sentirse mejor, interrumpe la toma de medicación, provocando una recaída. Hay que acabar el tratamiento completo aunque te sientas bien.
  • De manera totalmente voluntaria, dejar de tomar la medicación para que el cuerpo descanse de medicamentos. Esto suele suceder en tratamientos muy largos. Pensamos que le estamos haciendo un favor al cuerpo, y es todo lo contrario.
  • Gran parte de la población tiende a tomar medicamentos que le han ido bien a familiares o amigos. Esto es muy frecuente, pero hay que insistir en que no todos los medicamentos van bien para todas las personas. Cada uno tenemos unas características y patologías diferentes. Lo que a uno le va bien, no tiene por qué valerte a ti.

 

Entre las causas involuntarias podemos encontrar tres:

Sobre todo, en el caso de las personas mayores, es habitual que se olviden de comentar al médico todos los síntomas que tienen o los medicamentos que ya está tomando. Hay determinados medicamentos que no se pueden tomar junto con otros. Si el médico no es conocedor de esto, el tratamiento no va a funcionar correctamente.

También es frecuente el olvido de alguna de las tomas. Programar una alarma en tu móvil te ayudará a no olvidarte.

Además también es importante conocer que algunos medicamentos no pueden tomarse junto con determinados alimentos. Esto suele ser de manera involuntaria, por desconocimiento. Por eso es importante leer los prospectos de los medicamentos antes de tomarlos.

En resumen, la falta de adherencia tiene como consecuencia un empeoramiento de la calidad de vida del paciente, una falta de control de la enfermedad y una mayor probabilidad de recaídas y agravamientos de la enfermedad.

Por todo ello, pacientes y médicos deben colaborar para asegurar una correcta adherencia al tratamiento. Medicación sí, pero siempre alineada con lo que indiquen los profesionales.


Síndrome de Burnout cuando eres cuidador

El Síndrome de Burnout laboral es un trastorno emocional derivado del estrés que produce el entorno laboral. Las consecuencias que produce pueden llegar a ser graves, tanto en el plano físico como psicológico.

Este síndrome aparece también cuando hablamos de cuidadores no profesionales de personas enfermas crónicas o dependientes. Normalmente, el cuidador suele ser una persona que tienen a su cargo a algún familiar. El cuidador está expuesto de manera continua a altos niveles de estrés. Causados por la falta de formación, la alta exigencia, el miedo a hacer las cosas mal, la preocupación por su bienestar. Y todo ello teniendo en cuenta que la mayoría de los cuidadores pasan las 24horas pendientes de su ser querido.

En estas circunstancias, la persona tiene que hacer frente a una situación para la que no está preparada. Además desgasta mucha energía absorbiendo además casi todo su tiempo. Sin lugar a dudas, esto termina pasando factura a la propia salud del cuidador.

 

 

Síntomas del Síndrome de Burnout

 

El perfil del cuidador que sufre el Síndrome de Burnout suele tener unas características determinadas. Suele ser una mujer de mediana edad, familiar directo de la persona dependiente, que trata de compaginar los cuidados con el resto de responsabilidades de su vida personal. Aunque esto muchas veces no se consigue.

Es posible que la persona afectada no sea consciente de que padece este trastorno. Entre los síntomas más característicos podemos encontrar: desmotivación, frustración, bajo estado de ánimo. Además, cambios bruscos de humor y agobio continuado sintiéndose desbordado por la situación. A veces, incluso pueden llegar a tener sentimientos negativos hacia la persona a la que cuidan.

Además de estos síntomas, es muy frecuente que también aparezcan conflictos familiares. Derivados del excesivo trabajo que supone estar atendiendo a una persona dependiente las 24 horas al día. Aparecen también frecuentemente problemas derivados de la desatención del resto de la familia, con la que no puede pasar tanto tiempo, por dedicarse al cuidado del enfermo.

El cuidador poco a poco va perdiendo independencia ya que el enfermo cada vez le absorbe más. Por ello, es importante que el que cuida sea consciente de que para hacerlo bien, primero debe cuidar de sí mismo. Dedicar parte de su tiempo al ocio, a pasar tiempo con el resto de la familia, a disfrutar de sus propios intereses y, en definitiva, a cuidarse y a descansar. De esta forma, se sentirá mejor, y podrá tener más energía y mucho mejor ánimo a la hora de realizar el cuidado de la persona dependiente.

 

 

Recomendaciones para evitar "quemarse"

 

Es necesario que el cuidador siga una seria de recomendaciones para evitar llegar a desarrollar este Síndrome de Burnout. Algunas de ellas son:

 

  • Pedir ayuda cuando se necesite y no esperar a estar desbordado. Es importante pedir ayuda a algún familiar o amigo para que releve al cuidador en determinados momentos. Además, también se puede acudir y pedir ayuda a las asociaciones de pacientes. Suelen ser un recurso muy recomendable para que nos orienten sobre cuidados, recursos, recomendaciones. Asimismo, muchas de ellas suelen tener programas de respiro, para que el cuidador pueda tener opciones de ocio para desconectar y descansar.
  • Buscar un rato para hacer ejercicio. El ejercicio nos ayudará a sentirnos mejor además de mantenernos en forma.
  • No querer abarcar más de lo necesario. Hay veces que por evitar que la persona cuidada se haga daño, o se moleste, tendemos a realizar nosotros todas las tareas, y en ocasiones, no es necesario. Si la persona cuidada tiene la capacidad de realizar determinadas actividades, hay que dejar que las haga. Esto mejorará la autoestima del enfermo y, a su vez, descargará de responsabilidad al cuidador.

 

En todo caso, no forzarse más allá de lo imprescindible y huir del agotamiento mental, emocional y físico. Cuidar a un ser querido puede ser extremadamente duro. Por eso hay que compartir en la medida de lo posible responsabilidades. Y tratar de encontrar momentos en los que lograr también esa satisfacción y alegría de poder estar cerca de la persona no solo necesitada de apoyo, sino también muy querida.

 


Mantener rutinas en personas dependientes

Nos gusta la novedad y tendemos a aburrirnos cuando las actividades y acciones se repiten o son demasiado previsibles. Pero en realidad, todos necesitamos establecer determinadas rutinas. Su efecto sobre nuestro cerebro es innegable. Aumenta nuestra seguridad al hacer más predecible nuestro entorno y nos permite concentrarnos en las tareas presentes despreocupándonos en lo posible de los imprevistos.

Además, libera una gran parte de recursos atencionales al funcionar en modo “automático”. Ejemplo claro de ello son todos los esquemas cognitivos que hemos automatizado como hablar un idioma, escribir, conducir o tocar un instrumento. No tenemos que hacer un esfuerzo extraordinario para volver a ponerlos en práctica una vez aprendidos.

 

Más satisfechos y eficaces

 

Las rutinas disminuyen también nuestra sensación de esfuerzo al realizar actividades conocidas e incorporadas en nuestra agenda. Además, mejora nuestra sensación de control y seguridad y nos ayuda además a fomentar la creatividad y valorar las pequeñas elecciones diarias.

Pero parece que además nos permite ser más productivos. Fijar hábitos nos permite que resulte mucho más fácil realizar determinadas actividades y su perfeccionamiento. Nos permite también alcanzar una mayor satisfacción personal. Esto es debido a que se alcanzan metas mejorando nuestra autodeterminación.

Si todos estos beneficios los aporta a cualquier tipo de personas, parece claro que el efecto de las rutinas será aún más relevante en las personas mayores o con dependencia.

 

Envejecimiento y rutinas

 

Cuando envejecemos, el peso del hábito se convierte en algo mucho más importante. Sobre todo, cuando la capacidad de reaccionar ante el entorno o las novedades empieza a disminuir. Por ello, la relevancia de la planificación y el control extra de lo que sucede o las actividades y tareas a realizar resulta mucho más imprescindible. Así, las personas mayores establecen una relación con su espacio (casa y objetos) mucho más estrecho. Puesto que estas cosas operan como un anclaje para ellas que las conectan con sus vivencias y también con sus necesidades. La casa y las actividades realizadas allí son un espacio de control que contribuye a su bienestar.

 

Autonomía y rutinas en personas dependientes

 

Las personas mayores tienen una lucha constante por preservar el control sobre lo que se pueden realizar sin ayuda. Cada cosa que se delega se convierte en terreno perdido. Tener obligaciones cotidianas y rutinarias sostiene al individuo en su conexión con su propia vida. Uno es lo que hace, de ahí que la actividad está unida a la identidad y su propia autonomía.

Por lo tanto, la sensación de manejar nuestras rutinas aporta control y proporciona seguridad. Esto es debido a que aleja de las situaciones inesperadas que tan desagradables pueden resultar a una persona mayor o dependiente.

Además, beneficia la salud mental al reducir el estrés y disipa la ansiedad ante lo desconocido que sin duda afecta especialmente a este colectivo.

 

Organización y previsión para un mayor bienestar

 

La organización de las tareas y la previsión en todo tipo de actividades (desde el ejercicio, las relaciones sociales a las visitas médicas), son imprescindibles en las personas dependientes. Primero, para limitar que tipo de apoyos precisan y no incrementarlos. Y después, para poder planificar con tiempo aquellas actividades que quieran desarrollarse.

Incorporar hábitos saludables como el ejercicio, especial atención a las rutinas de aseo e higiene personal y aquellas obligaciones que deben mantenerse son cuestiones también imprescindibles para tener en cuenta.

Y lo mejor de todo es que estos hábitos o rutinas repetidas permiten crear un tiempo adicional para relajarse, lejos del estrés. Las actividades incorporadas al día a día se fijan y empiezan a dar beneficios creando un circuito de recompensa en el cerebro que estimulará su consecución y animará a la persona a superarse.

Pero no todo son rutinas. Todos queremos y hasta necesitamos modificar en ocasiones nuestros esquemas de actividad diarios. Esto es normal y no debe preocuparnos. Solo indica que salirse de la norma de vez en cuando nos proporciona también el placer y la emoción necesarios para ser más osados y, sobre todo, felices.