El ojo humano se compone de un sistema de lentes y medios transparentes que transmiten la imagen y la luz hacia la retina donde se capta la imagen y desde donde se transporta al cerebro a través del nervio óptico.

A lo largo de la vida se van produciendo cambios propios del envejecimiento natural en todos nuestros tejidos y órganos. En el caso del ojo, afectarán a los medios de conducción, que van perdiendo transparencia, como a las propias lentes ( córnea y cristalino ). La retina irá perdiendo población celular y por tanto la imagen que capta se verá afectada.

Además del envejecimiento natural, son muchas las enfermedades sistémicas que pueden afectar nuestra visión. Las enfermedades vasculares, como la hipertensión y la diabetes, causan deterioro de la vascularización retiniana y por tanto del riego sanguíneo, contribuyendo a un deterioro mayor y más precoz de nuestra visión .

Además de los errores de refracción que ocurren a cualquier edad (hipermetropía, astigmatismo y miopía), a partir de los 45 años el envejecimiento del cristalino causa una pérdida progresiva de la capacidad de enfoque cercano. Es lo que conocemos como presbicia y no puede considerarse una enfermedad sino una pérdida de las facultades propias del ojo joven.

Repasaremos las enfermedades oculares más frecuentes en las personas mayores.

 

Efectos de la edad en el cristalino

 

El cristalino es una lente muy potente que se encuentra por detrás del iris. Como su nombre indica, debe ser transparente y cristalino para transmitir la luz. Durante los primeros 40 años de la persona tiene la capacidad de variar su poder dióptrico abombándose y contrayéndose por el movimiento del músculo ciliar cuando necesitamos enfocar de cerca. A partir de los 40-45 años, se va endureciendo y pierde progresivamente la capacidad de enfoque cercano. Es lo que conocemos como presbicia y ya hemos dicho que no se puede considerar una enfermedad  porque puede corregirse con gafas, y la vamos a padecer todos.

Sin embargo, el envejecimiento también provoca pérdida progresiva de la transparencia del cristalino y por tanto la imagen que llegará a la retina será más borrosa. Es lo que conocemos como desarrollo de cataratas . Durante un tiempo la visión mejorará variando la corrección con gafa del paciente, pero hay un punto en el que ya no se puede mejorar y será necesario cambiar el cristalino por una lente intraocular. Actualmente las lentes pueden corregir la visión de lejos y cerca como las lentes progresivas de las gafas.

 

Diagnóstico precoz frente al glaucoma

 

En ocasiones la presión del líquido que rellena el ojo (humor acuoso) está elevada y no permitirá una correcta entrada de sangre al interior del ojo. Como consecuencia iremos perdiendo fibras en la retina y por tanto en el nervio óptico. No se verá afectada la graduación y tampoco puede corregirse con gafa.

No causa dolor ni síntomas visuales hasta que se encuentra muy avanzado y afecta la visión central. Afecta sin embargo a la visión periférica, produciendo un estrechamiento progresivo del campo visual.

El tratamiento consiste en bajar la presión ocular con fármacos que disminuyan la producción de humor acuoso o faciliten su evacuación . Se administran en gotas oculares o colirios. En caso de no mejorar, puede ser necesaria la cirugía.

Nunca se recupera la visión que hayamos perdido, por tanto el diagnóstico precoz es de vital importancia. El oftalmólogo detectará la presión elevada en la consulta y verá si nuestro nervio óptico está alterado. En ambos casos pedirá pruebas para valorar el campo visual y la capa de fibras de la retina .

 

Degeneración macular asociada a la edad (DMAE) 

 

En este caso se afecta la visión central y el campo visual permanece normal. El paciente notará borrosidad en aquello que mira (caras, letras, tv) y deformación en las líneas. Se debe a la afectación de la zona central de la retina que conocemos como mácula. Es la responsable de nuestra agudeza visual y es donde tenemos el mayor número de fotorreceptores del tipo cono.

La edad es el primer factor de riesgo para padecerla, pero también existen factores genéticos . También las enfermedades vasculares  tipo diabetes aumentan su incidencia.

El tratamiento es complicado. En la actualidad en las DMAE  del tipo húmedo (con mucho edema o líquido) se están inyectando dentro del ojo fármacos que intentan disminuir el edema.

 

Ojo seco

 

Al lado de las enfermedades que ya hemos descrito  y que pueden afectar la visión de forma grave, el ojo seco puede parecer poco importante. En efecto no suele tener gran repercusión visual, pero resulta muy molesto.

La composición de la lágrima va deteriorándose a lo largo de la vida, de forma que su evaporación va resultando cada vez mayor, sobre todo al mantener la fijación visual. El uso de pantallas, calefacción, aire acondicionado y lentillas, aún aumentan más el efecto evaporativo.

Los síntomas son escozor, sensación de arenilla o cuerpo extraño, pesadez, cansancio y ganas de cerrar los ojos . El paciente deberá instilarse colirios de lágrimas artificiales con frecuencia .

En todas las enfermedades oculares el diagnóstico y tratamiento precoces ayudarán a un mejor control de nuestra visión . Por eso lo principal es el asesoramiento de los expertos. Se aconseja una revisión anual de nuestra visión a partir de los 40-45 años.