La inteligencia emocional es la capacidad que tenemos para reconocer, comprender y regular nuestras propias emociones y las de los demás. Es una habilidad fundamental para poder establecer relaciones saludables con los demás y también influye en la toma de decisiones que hagamos. Nuestras decisiones dependen tanto de nuestros pensamientos como de nuestras emociones. En ocasiones, si nos dejamos llevar por las emociones nuestras decisiones serán el resultado de la emoción que tengamos en ese momento.

Por este motivo, a veces, en situaciones de intensidad emocional nos podemos dar cuenta de que algunas de las elecciones o decisiones que hemos tomado, no serían las más apropiadas desde un punto de vista racional.

El conocer y regular nuestro mundo emocional interno nos ayuda a afrontar las situaciones que se nos puedan presentar de mayor dificultad. A veces, cuando no somos conscientes de la emoción que nos acompaña, ésta puede “secuestrar” nuestro pensamiento y nos vemos envueltos por ella. Esto puede dar lugar a una situación en la que nos podemos sentir desbordados y podemos llegar a bloquearnos o activar una reacción más explosiva ante situaciones que tal vez no requieren este tipo de respuesta por nuestra parte.

Parece que hemos sobrevalorado el poder de nuestra capacidad de razonamiento, olvidando la fortaleza que tienen nuestras emociones y como en ocasiones nos arrastran. No olvidemos que el razonamiento reside en la parte frontal del cerebro, lo que se llama neocórtex. Las emociones nacen en el sistema límbico, más concretamente en la amígdala, una estructura mucho más antigua y con una respuesta más potente e intuitiva, es lo que se conoce como el cerebro antiguo. Aunque esta respuesta emocional suele ser más potente, hay estrategias para trabajar en su regulación y poder mejorar las conexiones entre la amígdala y nuestra corteza prefrontal. De tal manera que consigamos regular nuestra respuesta emocional y permitir liberar a nuestro razonamiento de ese secuestro emocional.

 

Estrategias para regular nuestra inteligencia emocional

 

  1. Toma consciencia de las emociones que sientes. Para poder mejorar nuestra inteligencia emocional, lo primero es darnos cuenta de nuestras emociones. Para ello es importante tomarse un tiempo para sentir lo que notamos. Las emociones muchas veces se expresan en el cuerpo, y podemos mejorar nuestra capacidad para tomar conciencia de ellas y poder nombrarlas.

 

  1. Practica la regulación emocional. Una vez puedes identificar tus emociones, ya puedes intentar trabajar con ellas. Ante una emoción que pueda resultar desbordante, podemos tomar consciencia, parar y tomar algunas respiraciones que nos ayuden a rebajar esa emoción. Si la emoción es muy intensa, podemos ayudarnos a regularnos enraizándonos en lo que vemos, tomar conciencia de donde estamos, que vemos, que olemos, que tocamos o que saboreamos.. De esta manera podemos activar nuestra corteza prefrontal en une esfuerzo por inactivar nuestra amígdala.

 

  1. Trabaja en comprender a los demás. Rl poder reconocer las emociones, los sentimientos y las perspectivas de los demás, nos ayuda a mejorar la inteligencia emocional y nos permite tener relaciones más satisfactorias y saludables.

 

  1. Mantén una actitud positiva practicando la gratitud, la amabilidad hacia uno mismo y hacia los demás. Tratarnos con cierta compasión y amabilidad nos ayuda a afrontar las situaciones con un tono emocional más adaptativo y nos hace más resilientes.

 

  1. Comunica tus emociones. Poder expresar nuestro mundo emocional interno a los demás de una manera sosegada nos permite manejarnos mejor en las relaciones con los otros. Esto nos puede ayudar a marcar límites de una manera asertiva y nos puede facilitar expresar nuestras necesidades a los demás.

 

  1. Practica la autoconciencia y la introspección. Ten una actitud de curiosidad hacia ti mismo, que te ayude a buscar conexiones en tu funcionamiento, tus creencias y tus emociones de tal manera que puedas comprender qué es lo que te hace funcionar de la manera que lo hace.

 

  1. Practica un rato de mindfulness. La práctica de la atención plena nos ayuda a entrar en ese mundo interior y a darnos cuenta de que está activo en nosotros. Nos permite entrar a reconocer nuestras emociones de una manera más distanciada y esto nos ayuda a poder regularnos de una manera más eficiente.

 

El desarrollar esta inteligencia emocional no es una cuestión de uno o dos días, es un trabajo que requiere tiempo y esfuerzo, pero su desarrollo puede tener un impacto muy importante en tu bienestar psicológico y emocional.