Consejos para mejorar nuestra autonomía
A menudo, en las mudanzas, algunas cajas se etiquetan como “frágil” para indicar que son susceptibles a daños. Esta idea de fragilidad, que generalmente aplicamos a objetos, también puede aplicarse a las personas. En términos médicos, una persona frágil es aquella que presenta una disminución en sus reservas fisiológicas, mostrando una alta vulnerabilidad incluso ante estresores menores, como una infección leve o un cambio ambiental inesperado. Estos incidentes menores pueden desafiar su capacidad de adaptación, incrementando el riesgo de deterioro funcional, dependencia y otros eventos adversos significativos.
En ViveLibre queremos darte consejos para mejorar nuestra autonomía.
Fragilidad y sarcopenia:
La fragilidad resulta de disfunciones en sistemas interrelacionados del cuerpo, incluyendo los sistemas nervioso, endocrino, inmunológico y musculoesquelético, con la inactividad física como un riesgo predominante. A menudo, se manifiesta a través de la sarcopenia, que es la pérdida progresiva de masa, fuerza y función muscular. Detectarla en sus etapas iniciales es crucial, pues en este momento, la intervención puede ser más efectiva para prevenir la discapacidad.
Detección de la fragilidad:
La fragilidad se centra más en la funcionalidad que en la presencia de enfermedades. Es decir, se evalúa la capacidad para realizar actividades cotidianas más que diagnosticar patologías específicas. Identificar a tiempo a las personas frágiles es crucial porque se puede intervenir para revertir o moderar este estado. Los métodos de detección incluyen pruebas que evalúan la marcha, la capacidad para levantarse de una silla, el equilibrio, y otros indicadores de sarcopenia como la fuerza y la resistencia.
Consejos para mejorar nuestra autonomía y combatir la fragilidad:
Las intervenciones pueden variar desde mejorar la nutrición hasta revisar y ajustar medicamentos para minimizar sus efectos secundarios. Sin embargo, la estrategia más eficaz es la incorporación de actividad física regular que combine ejercicios de resistencia y fuerza. La evolución nos ha moldeado para ser seres activos, necesitando altos niveles de actividad para sobrevivir. Aunque la modernidad ha traído comodidades que reducen nuestra necesidad de movimiento, mantener un estilo de vida activo sigue siendo esencial para combatir la fragilidad relacionada con la edad.

Desde ViveLibre, entendemos la importancia de la actividad física no solo para mantener la salud, sino también para mejorar la autonomía en las personas de todas las edades, especialmente aquellas identificadas como frágiles. Mantenerse activo es, sin duda, una de las mejores maneras de mitigar los efectos del envejecimiento y mejorar la calidad de vida.