Casos de éxito de ViveLibre

ViveLibre fomenta la autonomía personal. Con una sencilla aplicación móvil tienen al otro lado un equipo de profesionales siempre disponibles para ayudarles ante cualquier incidencia que les pueda ocurrir.  Su objetivo es ayudar a personas con diversas necesidades especiales, para que puedan tener un día a día lo más normalizado posible y con la máxima independencia. Para los familiares supone una gran seguridad y tranquilidad contar con ellos y poder tener siempre localizados a sus seres queridos. Cada usuario es único, y la Unidad de Apoyo los conoce en detalle para atenderles con la máxima rapidez y eficacia. A continuación, os mostramos algunos casos de éxito de ViveLibre que nos cuentan qué les aporta este servicio:

 

Tranquilidad

Jorge quería salir con sus amigos. Con las zonas de seguridad -su ruta habitual establecida-, si se sale de ellas se pondrán en contacto con él para ver si tiene algún problema. Así, él puede ver a sus amigos y sus padres están tranquilos cuando sale de casa.

 

Atención y Seguridad 24 horas

María Jesús teme caerse cuando va por la calle. Ahora ya sale tranquila, sabiendo que con tan solo tocar un botón tiene todo un equipo 24 horas al día, 7 días por semana, que pondrá a los servicios de emergencias en marcha.

 

Disponibilidad total

El marido de Shaila ya puede irse a trabajar tranquilo: sabe que si mujer necesita cualquier cosa, siempre tendrá a un profesional de ViveLibre disponible al otro lado del teléfono. Además, la intimidad de Shaila está asegurada: sólo le llamarán a él cuando ella no responda.

 

Recordatorio citas

Para Adrián ViveLibre ha supuesto la oportunidad de poder salir de casa solo, algo que antes nunca podía hacer. Además los recordatorios de consultas médicas y medicación permite dar a la familia un necesario respiro.

 

Equipo de Confianza

Para Clara es libertad. Para sus padres, confianza al saber que siempre tendrá a alguien que conoce su historial si ellos no pueden coger el teléfono. Con una enfermedad crónica, es básico que contacte con alguien que sabe lo que tiene y lo que necesita.

 

Fácil de usar

Tan sencillo como pulsar un botón en la pantalla del móvil que se utiliza habitualmente. Para cualquier necesidad, con un simple clic se contacta. Y los recordatorios se pueden llevar a cabo con una llamada o, si se prefiere, con un discreto sms.

 

Servicio Profesionalizado

Raúl Iván tuvo un problema en casa, y con el botón verde todo se solucionó rápidamente. Destaca la profesionalidad del equipo sociosanitario que forma la Unidad de Apoyo. Anima a todo el que lo necesite a que “no se lo piense: el trato es muy humano y empático”.

 

María Jesús afirma que ViveLibre no solo ayuda físicamente, sino también mentalmente. Encarna perfectamente el espíritu de todo este servicio, ayudar a mejorar la vida de las personas: “Desde que estoy en ViveLibre… ¡Soy feliz!

 

 


Persona con discapacidad física paseando

La experiencia ViveLibre a través de dos historias reales

La experiencia ViveLibre a través de dos historias reales

 

Los que trabajamos atendiendo a personas somos afortunados por muchos motivos. Además de la evidente satisfacción personal que supone contribuir a la mejora de la calidad de vida de la gente, no dejamos de aprender; con historias ViveLibre reales y diferentes.

 

Esta mejora de la calidad de vida se traduce, por un lado, en seguir haciendo las actividades que siempre han hecho, pero con un apoyo extra por nuestra parte, si lo necesitan. Y, por otro lado, contribuimos a que personas que no han tenido autonomía, se animen a conseguirla sabiendo que, si surgiera una incidencia, nosotros estamos para ayudarle.

 

Mi último gran descubrimiento ha sido que determinados términos como la libertad, la tranquilidad o la autonomía personal que parecen universales, son en realidad conceptos que cada individuo entiende y vive de forma diferente.

ViveLibre no es un servicio de teleasistencia móvil convencional, sino que ha sido concebido con la idea de ofrecer a nuestros usuarios la ayuda que necesitan en cada momento de sus vidas. ¿Cómo se consigue? Todas las funcionalidades que ofrece nuestro servicio como; recordatorios de medicación, configuración de zonas seguras, geolocalización etc., son personalizables acorde con las necesidades de cada uno.

Las necesidades de una persona con discapacidad física, movilidad reducida o discapacidad intelectual no son las mismas. Por ello nuestra Unidad de Apoyo, configura a nuestros usuarios las distintas funcionalidades de ViveLibre para que el servicio se adapte totalmente a su caso particular.

 

Historias ViveLibre

 

Natividad

Natividad tiene cierto deterioro cognitivo, y siente libertad cuando puede hacer aquello que le gusta sin sentir que por ello preocupa a los que la quieren. Cuando sale cada día a la calle sin tener que dar explicaciones de a dónde va o cuánto tardará en volver, porque se sabe localizada en todo momento.

Su hermana y su hija están tranquilas porque con la aplicación del familiar siempre saben dónde está. Al llevar ViveLibre en su móvil, Natividad no sólo está localizable, sino que recibirá atención inmediata en caso de necesitar ayuda.

 

 

Shaila y Alberto

Shaila, tiene movilidad reducida y Alberto se preocupa por si le pasa algo cuando él no está cerca para atenderla. Sin embargo, ahora se siente más libre para aceptar un trabajo sabiendo que Shaila, como usuario de ViveLibre, cuenta con la Unidad de Apoyo. Ésta siempre está disponible, la conocen y saben lo que necesita y cómo actuar frente a cualquier situación. Si tuviera cualquier tipo de incidencia, con tan sólo pulsar el botón verde de su móvil, un profesional especializado, la atenderá para poder ayudarla en todo lo que necesite.

Estos son sólo dos experiencias de las muchas que existen en ViveLibre. Es un mismo servicio, pero tan personalizable que puede configurarse para atender multitud de casuísticas.

 

Para alcanzar ese grado de individualización del servicio no basta sólo con disponer de la más sofisticada tecnología y de un sistema operativo adecuado. Hay que conocer a las personas, entender cómo concibe cada una su libertad, qué apoyos necesita y cómo –cada usuario y familiar- desea recibirlos. Nuestros profesionales de la Unidad de Apoyo están especializados en familias y personas con necesidades de apoyo. Esto les hace tener una sensibilidad especial a la hora de tratar con nuestros usuarios, y poder orientarles para adaptar el servicio a las necesidades particulares de cada persona. En ViveLibre hacemos de esa diversidad nuestra fortaleza.


Aprendiendo a mirar: la discapacidad

Aprendiendo a mirar: la discapacidad

Todos los días, a cada instante, establecemos relaciones, vínculos que van conformando nuestra vida, moldeándonos hasta convertirnos en quienes somos; vivencias que nos permiten ir evolucionando, creciendo a cada paso. Y no hablo solo de relaciones humanas –que también–, sino de aquellas experiencias que la propia vida nos va poniendo en el camino, a veces como una opción pero muchas otras de forma impuesta, sin más alternativa que la aceptación: sabemos que hemos de afrontarlas, aprender a convivir con ellas, ¡sin más! Y toda relación, si queremos que tenga futuro, precisa de nuestra actitud, de altas dosis de generosidad, tolerancia, paciencia… máxime cuando se trata de un vínculo que sabemos nos va a acompañar toda la vida. A mí me sucedió con ella: la discapacidad. Pertenece a ese tipo de relaciones que no se eligen, que llegan a tu vida cuando menos te lo esperas, como ocurre con otras realidades: la enfermedad, la muerte, un accidente…

Sabemos que están ahí, que existen, pero solemos ignorarlas, pensar que es a otros a quienes le ocurren. Y cuando se presentan, naturalmente lo hacen sin anunciarse. Nosotras nos conocimos en el momento más dulce, más feliz de mi vida: acababa de estrenarme como madre. Llegó literalmente con Ángel, mi hijo mayor. Podría decirse que supo de mí antes que yo de ella, porque fue en mi propio vientre que ya se instaló en su vida, y por tanto también en la mía. La discapacidad formaba parte de su código genético, de su identidad, junto a otras características que lo hacían único: sus rizos, su sonrisa, el color de sus expresivos ojos… Y, por supuesto, venía para quedarse.

Con seis meses Ángel fue diagnosticado de una grave enfermedad que afectaba a su desarrollo neurológico y que mantuvo seriamente comprometida su vida durante meses. No fue cuestión de soberbia, tampoco de prepotencia, que en medio del tsunami que arrasó nuestras vidas, no le prestara atención a su discapacidad, ocupada como estaba en la supervivencia de mi hijo. ¡Cómo no reconocer que durante un tiempo temí la discapacidad, que me sentí invadida por mis propios miedos! ¡Cómo no admitir mi enorme impotencia como madre por no ser capaz de cambiar su realidad! ¡Claro que me enfadé con ella por haberse fijado en mi pequeño hijo y no en mí! Y fue precisamente Ángel, un ser lleno de luz, tan pequeño y ya tan grande, la persona más valiente que jamás he conocido, con su actitud, con sus enormes ganas de vivir, quien me enseñó a mirar de frente nuestra nueva realidad, con naturalidad, como parte de sí mismo.

No resultó fácil sobrevivir a la ola gigantesca que supuso aquel duro diagnóstico en mi interior. La vida nos había citado a los tres en aquel escenario, poniendo a prueba nuestra resistencia ante la discapacidad. Aparentemente todo continuaba en su sitio, y sin embargo lo habíamos perdido todo, todo menos el amor que sentíamos por nuestro hijo; el amor y la esperanza se convirtieron en nuestra energía. Desde el principio fui consciente de la gravedad de su lesión cerebral. Sabía que habría muchas cosas que nunca podría hacer, pero sabía también que Ángel tenía sus capacidades, que por pequeñas que fueran eran el Todo que él tenía.

Su alta hospitalaria fue devastadora; un pediatra con un mínimo de empatía nunca habría pronunciado aquellas palabras… eran innecesarias, sólo añadían más dolor al dolor. Nunca hubiera deseado que me mintiera, ni siquiera que tuviera la sensibilidad que lo delicado de la situación requería, pero hubiera dado cualquier cosa por no escucharlas: “lo más probable es que su hijo se muera y, si no, será un vegetal”. Aquellas palabras negaban la dignidad de mi hijo, y con ello su humanidad. Reflejaban la invisibilidad a la que se relegaba a las personas con diversidad, en unos años ochenta en que la discapacidad prácticamente sólo se contemplaba desde el ámbito médico y socialmente estaba estigmatizada.

Pero en medio de aquella nada también encontramos luz. Conocimos a Javier Cairo, su médico rehabilitador, la primera persona que creyó en Ángel. Así fuimos sumando amigos, personas que han dejado su huella en él, ayudándole a ser quien es: vida y verdad absoluta. Un joven con trastorno del espectro autista, asociado a una severa discapacidad psicomotriz. Pero ante todo un ser humano con su propia personalidad, de buen carácter, alegre, cariñoso, dotado de una admirable capacidad para confiar en las personas que están en su vida; con una dignidad tan rotunda que no deja de sorprenderme la armonía que ha alcanzado entre su fragilidad y la naturalidad con que acepta los apoyos. Diferente, sí, como yo, como todos. Todos somos diferentes en intereses, ritmos, cultura… pero nadie es quien para decidir qué vida es más o menos digna de ser vivida; a todos nos iguala el derecho a ser diferentes.

Por eso quiero para mi hijo lo mismo que deseo para cualquier persona: que sus derechos no dependan de mis reivindicaciones, ni siquiera de mi existencia. Quiero una sociedad inclusiva en la escuela, en la calle, en el trabajo, en el ocio… Y todos somos responsables de construirla, porque una sociedad que mira hacia otro lado, que hace distinciones entre mayorías y minorías, es injusta consigo misma, está condenada a deshumanizarse. Hemos de aprender a mirar sin prejuicios, aceptar que todos somos frágiles, que la perfección no existe, solo el afán de mejorar.

Y en ese afán por que mi hijo tenga su lugar en el mundo, no solo estamos su familia, él ha creado sus propios vínculos en Aspanaes, donde día a día comparte proyectos e ilusiones con sus amigos. Y puedo afirmar que Ángel es una persona feliz, y a su lado naturalmente también yo soy feliz; tenerlo en mi vida me ha enriquecido como persona. Siento una enorme admiración por él, y sé que lo sabe, porque ha crecido sintiéndose querido y respetado, escuchando palabras de suerte. Porque hay palabras positivas que curan, que salvan; que solo con ser escuchadas pueden subir nuestra autoestima. Y hay también palabras con una enorme carga negativa, que a fuerza de pronunciarlas, de escucharlas, corren el riesgo de etiquetar y estigmatizar a las personas, excluyéndolas, limitándolas, cosificándolas y reduciendo a un compartimento estanco el amplio universo de cualidades que la identifican y la hacen única.

Me gustaría que fuera Ángel y no yo quien pudiera relatar su historia, sus vivencias… ¡Tendría tanto que contar! Pero las palabras no están en su lenguaje. Está acostumbrado a escuchar nuestras voces, le gusta que le hablen, y también él tiene voz: con ella a veces emite sonidos llenos de ritmo, sonidos en los que se regodea, que iluminan su dulce rostro. Entonces nos quedamos todos en silencio, quizás para intentar atrapar la magia del momento. Otras veces nos sorprende con el tarareo de una canción: le encanta la música. Pero su cerebro no sabe cómo construir las palabras. Aun así, me niego a afirmar que Ángel carece de lenguaje, ¡ni mucho menos! El suyo es el lenguaje de las sensaciones, y lo domina como nadie: una mirada suya, un abrazo, son pura comunicación, llegan donde mis palabras alcanzan su límite.

Procuro traducir al dictado de sus elocuentes miradas, de su silencio, segura de que nunca me juzgará, que siempre aceptará, paciente y confiado, mis decisiones, como los seres sabios e inteligentes, que saben delegar. En una palabra: Ángel confía. Y a su manera, sabe que esta confianza que deposita en los que le rodean es fundamental en su vida, sin ella viviría perdido.

Y como quiero para mi hijo toda la luz, que nunca se sienta perdido, convencida de que cada pequeño gesto puede contribuir a crear un mundo más inclusivo, me decidí a publicar La mirada de Ángel1un libro que contiene las cartas que entre su infancia y adolescencia le fui escribiendo a mi hijo. Nunca imaginé que compartir mis vivencias me traería de vuelta tantas emociones, tanto respeto y tanto cariño.

1 FERNÁNDEZ VÁZQUEZ, M.L. (2014): La mirada de Ángel, diario de la madre de un niño con autismoIlustraciones de XanEguía. A Coruña: Asociación Participa para la Inclusión Social.

Este artículo ha sido escrito por María Luisa Fernández Vázquez


Libertad vs. Libertad

Libertad vs. Libertad

Los que trabajamos atendiendo a personas somos afortunados por muchos motivos. Además de la evidente satisfacción personal que supone contribuir a la mejora de la calidad de vida de la gente, no dejamos –día a día- de aprender.

Mi último gran descubrimiento ha sido que determinados términos como la libertad, la tranquilidad o la autonomía personal que, a priori, parecen universales y absolutos, son en realidad conceptos relativos que cada individuo entiende y vive de forma diferente.

Natividad, por ejemplo, siente libertad cuando puede hacer aquello que le gusta sin sentir que por ello preocupa a los que la quieren. Cuando sale cada día a la calle sin tener que dar explicaciones de a dónde va o cuánto tardará en volver, porque se sabe localizada en todo momento.

Su hermana y su hija están tranquilas porque con la aplicación del familiar siempre saben dónde está ella. Al llevar ViveLibre en su móvil Natividad no sólo está localizable, sino que recibirá atención inmediata en caso de necesitar ayuda.

Shaila y Alberto también encuentran la libertad para construir sus vidas sabiendo que Shaila, como usuario de ViveLibre, cuenta con un centro de atención que está siempre disponible, que la conoce y sabe lo que necesita y cómo actuar frente a cualquier situación.

Pero Shaila y Alberto conciben su tranquilidad de forma diferente. Acaban de terminar los estudios y dentro de poco se incorporarán al mundo laboral, lo que supondrá pasar bastante tiempo separados. Pese a ello, y pese a las dificultades de movilidad que ella tiene, ninguno quiere usar la aplicación del familiar, porque entienden que eso limita su libertad e intimidad. Les basta con saberse atendidos y apoyados desde el centro de atención de ViveLibre.

Para alcanzar ese grado de individualización del servicio no basta sólo con disponer de la más sofisticada tecnología y de un sistema operativo adecuado. Hay que conocer a las personas, entender cómo concibe cada una su libertad, qué apoyos necesita y cómo –cada usuario y familiar- desea recibirlos. En ViveLibre hacemos de esa diversidad, nuestra fortaleza.